La Jornada Electoral Extraordinaria para elegir a personas juzgadoras federales en México concluyó. El proceso electoral continúa con el cómputo de votos, la calificación electoral y la entrada en funciones de las personas electas para integrar el Poder Judicial de la Federación el próximo 1 de septiembre.
¿Consummatum est?, no. Un análisis, revisión y evaluación del proceso, habrá que hacerlo con información veraz y completa, objetiva, con serenidad y ecuanimidad; y al “nuevo” Poder Judicial observarlo, fiscalizarlo, pues de la legalidad improvisada para su integración (con normas al vapor y deficientes) sigue la legitimidad que se construye con el obrar, con el actuar.
El análisis habrá que realizarlo como un todo y en partes en dos vertientes: como parte de un sistema de justicia y desde su naturaleza como un brazo de la República.
Como un sistema de justicia, al cual se le vapuleó, denostó con una narrativa desde quienes ejercen el poder desde 2018 en el Ejecutivo y Legislativo, señalando presunta corrupción (no acreditada y menos vista de ellos mismos, que también la podemos encontrar), y en confesión de parte de los promoventes de la Reforma al Poder Judicial, por oponerse la Suprema Corte a las “transformaciones”, la justicia en México se encasilló en la impartición y administración, dejando de lado la procuración de la misma, esa que investiga y persigue presuntos delitos y con lo que aporta a tribunales para que impartan justicia.
Como brazo de la República, el Poder Judicial en México es contrapeso de los poderes Ejecutivo y Legislativo para garantizar la constitucionalidad y legalidad de los actos y acciones de ellos; así como garantía de la constitucionalidad en las entidades federativas con sus Ayuntamientos; Poder Judicial que para toda persona es garantía de sus derechos fundamentales y políticos frente al poder público. ¿El modelo de integración del Poder Judicial mediante el voto popular, universal, es garantía de la especialidad e integridad que el Poder Judicial requiere?
¿El voto popular es el único y válido mecanismo democrático?
Quienes quedarán electos al final de este proceso, al someterse a la elección popular, estarán en un escaparate más amplio de observación y fiscalización ciudadana. Hayamos o no participado en la paupérrima elección del pasado 1 de junio, todos tendremos que ver, directa o indirectamente, en algún momento de nuestra vida, con quienes fueron electos para administrar e impartir justicia. En la fiscalización que hagamos sobre su actuar ejerceremos la democracia participativa, que le da sentido y legitimidad a la electiva. Las personas juzgadoras estarán en posibilidad de obtener la legitimidad que las urnas, o unos pocos, no les otorgó; esa legitimidad que nada tiene que ver con el conocimiento y popularidad que encuestas o exposición mediática puedan provocar y mostrar.
Por otra parte, el proceso electoral histórico (tan cacaraqueado, ya saben por quién) pero experimental, requerirá un análisis y evaluación particular.
Cada uno de los actores que llevaron a México a esto, de manera corresponsable deberán rendir cuentas. Elementos hay de sobra para que con nombre y apellido rindan cuentas.
En 2027 será la segunda parte de esta elección federal. Jalisco, además, tiene una tarea especial, pues aún no decide cómo le hará, seleccionando a perfiles capaces con integridad, la “elección-renovación” del Poder Judicial local de manera simultánea con la renovación del Congreso local y los 125 Ayuntamientos. Si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, dice el refrán.
