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12 años de comunicar la esperanza

por Quetzali Hernández
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Jorge Román Ramírez Carrillo

Para el Papa Francisco, el proceso de comunicación es la acción evangelizadora que traspasa toda la vida de una persona. Su comunicación impregnó muchos ambientes, muchos idiomas, muchos momentos, su vida y muchas otras vidas.

La frescura del Santo Padre no se explica nada más como el carisma personal de Bergoglio, sino como un momento de gracia que Dios dispuso para su Iglesia.

Francisco preferiría hablar en italiano o español, con muchas expresiones de su país de origen. Era un hombre de acción, de gestos y actitudes expresivas.

Francisco fue un texto “vivo” que fue tejiendo y comunicando a lo largo de los doce años de su pontificado con sus palabras, discursos, y predominantemente en sus gestos y estilo.

Su comunicación fue personal y situacional. Se dirige a personas específicas, concretas y reales. Francisco no fue un “Papa de masas”, de comunicación genérica y generalista. Era un Papa de trato personal, mirada a cara, abrazos. Practicaba una comunicación siempre local, relacional y artesanal.

Francisco siempre modulaba su comunicación según el momento, el lugar, las personas y los públicos, según lo que se sentía inspirado a hacer, como lo expresaban sus innumerables “discursos improvisados”

En Francisco la comunicación cobra sentido también a partir de una parábola de los Evangelios, la del Buen Samaritano. De esta parábola afirmaba: “Quien comunica se vuelve cercano”, como el samaritano. Los otros personajes de la parábola – el sacerdote y el levita – pasan, cruzan al otro lado, para no encontrarse cara a cara con el herido que yacía al lado del camino. El samaritano no: se acerca a esa persona herida y agredida. Con esta parábola, según Francisco, “Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi igual, sino de mi capacidad de hacerme semejante al otro”

Nos enseñó que la comunicación exige algo más: una inversión de perspectiva. Somos nosotros los que debemos hacernos similares a los demás. Hablar el mismo idioma, intentar pensar cómo piensan, sentir como sienten, para poder construir una cultura del encuentro. Esa es la comunicación samaritana a la que nos invita Francisco.

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