Diana Laura Cervantes

Celebran un cuarto de siglo del aniversario de la canonización de los Mártires Mexicanos
A25 años de aquella histórica mañana en la Plaza de San Pedro, donde el Papa San Juan Pablo II proclamó Santos a 27 mexicanos mártires de la fe, la Arquidiócesis de Guadalajara se congregó el pasado 21 de mayo para conmemorar y agradecer este regalo de santidad en una misa solemne presidida por el Emmo. Sr. Cardenal Francisco Robles Ortega.
Apenas unas horas después de aterrizar su avión procedente de Roma, donde participó en el Cónclave del nuevo Papa León XIV, el Cardenal Robles se trasladó al Santuario de los Mártires Mexicanos para encabezar esta emotiva Eucaristía.
Una celebración que une pasado, presente y futuro, conmemorando a quienes dieron su vida por amor a Cristo y afirmando que su legado sigue vivo.
27 SANTOS PARA MÉXICO
En la Misa se recordó aquel 21 de mayo del año 2000, cuando San Juan Pablo II canonizó a San Cristóbal Magallanes y compañeros Mártires, en su mayoría Sacerdotes y tres laicos que, durante la persecución religiosa en México, murieron dando testimonio de su fe. También fueron canonizados ese día San José María de Yermo y Parres, fundador de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, y la primera Santa mexicana, Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, religiosa jalisciense que dedicó su vida al cuidado de los enfermos.
La homilía hizo eco de las palabras pronunciadas hace 25 años por el entonces Papa polaco, citando al Apóstol san Juan: “No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y con verdad”, y al Evangelio: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí”.
PERMANECER EN CRISTO
Durante su predicación en la homilía, Monseñor Manuel González Villaseñor, exhortó a los fieles a mantenerse en comunión con Dios como única vía para dar frutos de vida eterna. “Desde nuestro Bautismo recibimos la semilla de la santidad, y es un esfuerzo diario permanecer unidos a Cristo por medio de la oración y las virtudes evangélicas”, señaló.
“Los Mártires no nacieron santos, pero aceptaron la cruz y no negaron su fe. Cuando llegó el momento del martirio, no huyeron, no se doblegaron. Gritaron con valentía: ‘¡Viva Cristo Rey y Viva Santa María de Guadalupe!’, y gracias a su testimonio hoy gozamos de libertad religiosa”, dijo con emoción.
ENTRE PIEDRAS Y CORAZONES, UN SANTUARIO SE LEVANTA
Además del sentido espiritual de la celebración, se reconoció el progreso material del Santuario de los Mártires Mexicanos, cuya construcción continúa gracias al esfuerzo de fieles, comunidades parroquiales y bienhechores.
Mons. González, agradeció especialmente a quienes han contribuido desde la donación del terreno hasta los más recientes avances: la colocación del piso del presbiterio y la instalación de los ventanales laterales.
“Esta obra no solo se edifica con piedra, sino con los corazones de los creyentes que día a día construyen el amor de Dios en sus familias. Nuestro desafío es levantar una Iglesia viva, donde cada uno sea testimonio de fe en medio de los desafíos de nuestro tiempo”, expresó.
UN JUBILEO DE LA ESPERANZA
Así como en aquel año 2000 —también Año Jubilar— miles de fieles, Sacerdotes y Obispos peregrinaron a Roma, hoy, 25 años después, la comunidad arquidiocesana repite el gesto como peregrinos de esperanza en este nuevo Jubileo. “No es una simple conmemoración histórica.
Es una oportunidad para renovar nuestra fe, reavivar la misión de vivir como santos en el mundo actual”, afirmó con entusiasmo Mons. González.
Pidió también a los fieles llevar la cruz del sufrimiento cotidiano —la enfermedad, la tristeza, el abandono— con amor y fe, confiando en que los santos Mártires interceden por nosotros para vivir cada prueba con sentido y dignidad cristiana.
COMUNIÓN ARQUIDIOCESANA
La Misa fue concelebrada por Sacerdotes de toda la Arquidiócesis, y contó con la presencia de religiosas, seminaristas y miembros del Patronato Proconstrucción del Santuario, así como Decanos y Vicarios episcopales. El ambiente fue de profunda fe, pero también de gratitud y esperanza compartida.
Entre los asistentes, se percibía la convicción de que esta celebración no solo honra el pasado, sino que impulsa el presente: la construcción espiritual de una comunidad fiel a Cristo, inspirada por el ejemplo de sus Mártires, y comprometida con la edificación de un México más justo, fraterno y lleno de luz.

