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83 años no fueron nada, religiosas salen de la Cruz Roja

por Gabriela Ceja Ramirez
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Abel Campirano Marín

La reciente decisión de prescindir de los servicios de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, que durante 83 años estuvieron atendiendo misericordiosamente a los enfermos y necesitados en la Cruz Roja y coadyuvando con su sapiencia en las difíciles tareas administrativas orientadas siempre con la prudencia y la caridad es dolorosa.

La historia de los hospitales es concomitante con la presencia de las religiosas.

Es necesario, además, hacer referencia al Hospital de la Beata Margarita, hoy llamado de Santa Margarita, fundado el 17 de octubre de 1896, que atiende la Congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, fundadas por la Madre Lupita (Santa María Guadalupe García Zavala). Era un hospital modesto destinado sobre todo a las personas de bajos recursos y que sufrió un cierre temporal durante la Revolución.

La Madre Lupita encabezada a un equipo de enfermeras religiosas y legas que no solo auxiliaban a los médicos, sino fortalecían la fe, la paciencia y la esperanza de los enfermos y hacían más llevadero el dolor y la desesperación de los pacientes y sus familias.

El Hospital sufrió en carne propia los aciagos tiempos de la Revolución. En 1914 el edificio fue ocupado por el ejército constitucionalista, que apresó a su Capellán, el Padre Cipriano Iñiguez. Cuando los revolucionarios, víctimas del radicalismo obnubilante y profundamente aniticlerical de esos tiempos, quisieron llevar más allá su decisión, surgió la inteligencia y caridad cristiana de las Religiosas, que convirtieron el Hospital en la sede de la Cruz Roja, y continuó en servicio. Es decir, la tarea de las Hermanas, de una y otra congregación, estuvo ligada a la atención desinteresada de los enfermos de la Cruz Roja.

Este punto es sumamente importante. Esa ha sido una lección de entrega y heroísmo y además de una muestra de la inteligencia aplicada a hacer el bien y que no debiera perderse de vista.

Prestigio internacional

La Organización internacional de la Cruz Roja, surgió gracias al Ginebrino Henry Dunant, después de haber presenciado el dramatismo más terrible en la batalla de Solferino, Italia (1859), y en 1864, en la Primera Convención de Ginebra, se determinó su neutralidad. A partir de allí ha continuado al paso de los años brindando atención a las víctimas. Su prestigio y el reconocimiento internacional es indiscutible.

Cruz Roja en México

La Cruz Roja Mexicana, fundada en 1910 por el General Porfirio Diaz, entonces Presidente de la República, ha sido una institución respetable, y la participación de las comunidades religiosas en sus diversas delegaciones ha sido determinante para dotarle de ese elemento de caridad y misericordia que deben tener todas las instituciones de salud.

No podemos seguir siendo víctimas de este fenómeno de secularización que se viene dando donde quiera, lo mismo en instituciones educativas, organizaciones de caridad, fundaciones y ahora se empieza a extender como moho venenoso en el seno de hospitales, sanatorios (denominación que por cierto no es análoga), clínicas de salud y ahora en la Cruz Roja.

Una triste analogía con aquella famosa canción de Carlos Gardel (Volver), que en sus estrofas, llenas de melancolía, nos dice que solo nos quedarán recuerdos de las voces de las monjitas que, con su dedicación, empaño y sus oraciones, “alumbraron con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor”.

¡Cuántos de nosotros, por alguna u otra razón, acudimos a la Cruz Roja y fuimos auxiliados con amor y extrema diligencia por “las monjitas de la Cruz Roja”!

Ahora solo nos quedará el recuerdo que nos enmarca una paráfrasis de la canción de Carlos Gardel y José Le Pera, que ahora que las nieves del tiempo han plateado mis sienes, siento que es un soplo la vida, y ochenta y tres años no son nada, que febril la mirada, siempre buscaré en los pasillos de la Cruz Roja, a mis queridas Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, las buscaré y las nombraré, las recordaré con gratitud siempre.

Muchas gracias por todo. Dios las recompense al ciento por uno y las lleve por caminos donde encuentren gente mas agradecida y que las sepan valorar.

Triste y doloroso adiós. Hablando de recuerdos, por ahí ví un poster que decía que un ingrato siempre cree tener la razón, y además tiene poca memoria.

PAZ TECUM.

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