
Hoy celebramos el núcleo de la verdad de nuestra fe: La Pascua de la Resurrección del Señor Jesús. En esta ocasión hemos decidido referirnos a la primera lectura, porque registra uno de los testimonios más antiguos de la fe de nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica. Donde se revela que la Resurrección no es un remate fabuloso adherido a la vida de Jesús de Nazaret, sino la de nitiva y de nitoria conclusión de quien pasó haciendo el bien, porque Dios estaba con Él (Hch 10, 34. 37-43).
TODOS SOMOS CONVOCADOS POR DIOS
El Apóstol san Pedro, el primer Siervo de los siervos, justo, al inicio de su testimonio y en casa de un centurión romano llamado Cornelio, tomandola palabra, deja algo muy claro, que todos, sin excepción alguna, somos convocados por Dios: “Verdadera mente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que le es grata cualquier persona que teme y practica la justicia, sea de la nación que sea” (vv. 34-35).
LA ESTRECHA UNIÓN ENTRE EL PASADO EL PRESENTE Y EL FUTURO, DA VIDA AL HOY DE DIOS
San Pedro, el primer Papa, resume la fe cristiana tal y como era expresada por la primera generación de discípulos, en la cual se concede una prioridad indiscutible al acontecimiento de la Resurrección del Señor Jesús:
En primer lugar, tan profunda experiencia está ligada con el pasado de la comunidad de seguidores del Señor Jesús: “Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del Bautismo predicado por Juan; cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y como éste pasó haciendo el bien, sanan do a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (vv. 37-38).
En segundo lugar: con incuestionable eficacia, también, la vital experiencia de la Resurrección del Señor Jesús se despliega en el presente de la comunidad: “Nosotros somos testigos de cuanto Él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que Él, de antemano, había escogido: a nosotros que hemos comido y bebido con Él después de que resucitó de entre los muertos” (vv. 39-41).
Y, en tercer lugar: la experiencia del Resucitado, sobre todo, muestra su vocación de futuro en el envío apostólico, anunciado por nuestra santa madre Iglesia, que nos exhorta a dar testimonio de Jesús: “Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos” (v. 42).
En síntesis, la estrecha unión entre el pasado y el presente y el futuro, da vida al hoy de Dios.
LA IGLESIA NOS LLEVA A CRISTO
El santo Padre Francisco, sucesor de san Pedro, en un libro de verdad hermoso, enseña que, así como no se puede entender a Jesús sin su Madre, tampoco a Cristo sin la Iglesia:
“La Iglesia, la gran familia de Dios, es la que nos lleva a Cristo. Nuestra fe no es una idea abstracta o una filosofía, sino la relación vital y plena con una persona: Jesucristo, el Hijo único de Dios que se hizo hombre, murió y resucitó para salvarnos y vive entre nosotros. ¿Dónde lo podemos encontrar? Lo encontramos en la Iglesia, en nuestra santa madre Iglesia jerárquica” (Las enseñanzas de María, Origen, Ciudad de México 2017, págs. 80-81).
Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios ofrecida en este domingo de Pascua de la Resurrección del Señor Jesús, meditando el admirable testimonio de san Pedro, el primer Siervo de los siervos, los exhorto a que sigamos el maravilloso ejemplo del Señor Jesús pasando por nuestra vida haciendo el bien.

