Alfredo Arnold



Qué rápido pasa el tiempo.
La Presidenta Claudia Sheinbaum está a punto de cumplir su primer año al frente del Poder Ejecutivo federal; el próximo primero de septiembre –dentro de una semana– dará su primer Informe de Gobierno, anticipándose un mes a la costumbre de hacerlo al cumplir un año, que será hasta el primero de octubre… eso es lo de menos.
Creo que existe una razón, real o simbólica, para anticipar un mes el Primer Informe, que, por cierto, será desde Palacio Nacional. Ese mismo día entra en funciones la nueva Corte, y también ese día inicia un nuevo período ordinario en las Cámaras.
O sea que los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, tienen motivos para lucirse el día primero de septiembre… el “Mes de la Patria”.
Hubo un tiempo en que los informes presidenciales parecían eternos. Duraban horas. Se informaba con lujo de pesos y centavos el costo de cada obra realizada (recuerdo un día que iba a Mazatlán, en tiempos de López Mateos, el conductor del autobús encendió el radio, y gran parte del camino, por lo menos cinco horas, nos fue fastidiando con la lectura presidencial).
Con el tiempo, hubo cambios importantes. Ya no duraban tanto, si acaso unas dos horas (hace más de cuatro décadas, me invitaron con todo y esposa al tercer Informe del Presidente De la Madrid; viajamos en avión ida y vuelta, nos hospedamos con todos los gastos pagados, incluso el bar; el PRI ofreció una comida en la Hacienda de los Morales y el Presidente otra en Los Pinos. Fueron tres días “mágicos”, cortesía del Gobierno).
Pero los tiempos cambian, sin lugar a dudas. Con la llegada del PAN a la Presidencia los Informes se hicieron menos costosos. Y el año pasado, el Sexto Informe del Presidente López Obrador fue en el Zócalo. También cambió el formato.
Antes, el Presidente acudía al Congreso y leía su Informe; después llegaron las interpelaciones (si no me equivoco, quien las puso de moda fue Porfirio Muñoz Ledo), lo cual motivó que se terminara la comparecencia física del Presidente ante los diputados, senadores, funcionarios, gobernadores e invitados. Hoy, los informes sólo se entregan por escrito, en tanto que el Presidente se limita a dar un mensaje desde Palacio y frente a sus cuates.
Pero hablábamos de la Presidenta Sheinbaum. Su primer año al frente del país ha sido complicado. Pemex, la deuda externa y las obras del sexenio pasado dejaron sin dinero al Gobierno, así que el Informe no podría referirse a obras, sólo proyectos.
Seguramente, la Presidenta hablará de los 13.5 millones de mexicanos que salieron de la pobreza (según el Inegi); de las múltiples llamadas telefónicas que ha tenido con el Presidente Trump de Estados Unidos, y de las acciones en el combate al crimen organizado.
Después de este primer Informe, se intensificará el trabajo de la Presidenta. Vienen cinco años en los que deberá alcanzar el bienestar social, abatir la inseguridad y recuperar el brillo que llegó a tener el país, y que se ha perdido en los últimos años. Y, por si fuera poco, enfrentará la desunión que comienza a manifestarse dentro de su partido.
La expectativa es alta.
El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de larga experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.
