
Nuestra Madre Iglesia presenta hoy en la mesa de la Eucaristía, una parábola exclusiva del Evangelio según san Lucas, que entraña el más fino sentido del buen humor. El Señor Jesús en esta parábola nos acerca al divino misterio, motivándonos a orar siempre sin desfallecer, y afianzados en y por la gracia de la fe, aventurarnos en el camino de los que tienen hambre y sed de justicia (Lc 18, 1-8).
EL SEÑOR JESÚS NOS MOTIVA A ORAR
El Señor Jesús, con asombrosa originalidad:
“para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, les propuso esta parábola En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’” (vv. 1-3).
Un juez indigno y poderoso, proverbialmente malévolo, y una mujer viuda, digna de encomio por su indomable empeño de alcanzar justicia. ¿Qué podía esperarse de un juez impío, sordo a la voz de Dios, e indiferente y caprichoso ante la demanda de una pobre viuda? ¡El contraste entre los personajes no puede ser mayor! Con semejante creatividad, el Señor Jesús nos exhorta a sus seguidores para que oremos en cada momento de nuestro caminar.
“PALABRAS LLENAS DE GRACIA QUE SALÍAN DE SU BOCA”
Jesús de Nazaret, el Señor, es un verdadero maestro del lenguaje, no solamente en lo que dice, sino también como lo dice. La manera de hablar de Jesús incidía cual sublime relámpago del cielo, al extremo que fascinados:
“Todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca” (Lc 4, 22a; compárese Jn 6, 68).
EL SEÑOR JESÚS REVELA QUE DIOS HARÁ JUSTICIA
El desenlace de la parábola es insólito. Aquel malévolo juez, frente la constancia de la viuda, terminó doblando sus manos en eficaz soliloquio: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy hacerle justicia para que no me siga molestando” (vv. 4-5). Enseguida el Señor Jesús reveló:
“si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?” (vv. 6-8).
Esta parábola de Jesús de Nazaret tiene la cualidad que pasado el tiempo nos deja la certeza que él sonrió cuando la pronunció. ¿No les parece gracioso que la valiente insistencia de una mujer desamparada haya hecho temblar a un juez que no temía a Dios ni mostraba respeto por los hombres? Esta indómita mujer es un vivo ejemplo de que en la acción, nos arriesgamos, nos probamos, nos construimos, dando vida a la promesa de Jesús: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque será saciados” (Mt 5, 6).
Muy apreciables lectores, proponemos, por sorprendente que pueda parecerles, pedir al Señor Jesús, en especial, este domingo, que nos obsequie un poco de humor santo y sabio. El sentido del buen humor es signo de que una persona está en paz consigo misma, ya que acepta los contrastes y las contradicciones de la vida como necesarios, buscando siempre descubrir su significado, sostenidos por la gracia de la fe. El Señor Jesús sabe bien que no hay sabiduría sin sentido del buen humor, dado que rozar el divino misterio regocija.
