Michelle Fletes

Cuando se habla de adicciones, es inevitable relacionar el término directamente con ciertas sustancias prohibidas; sin embargo, la Real Academia Española de la Lengua (RAE), ofrece un abanico algo más amplio del término de la palabra adicción. La RAE la define como el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o varias drogas tóxicas, o por la afición desmedida a alguien o algo, al incluir el juego patológico, deja la puerta abierta a las adicciones comportamentales o sociales.
El término se ha relacionado con los conceptos de tolerancia, dependencia (entendida como pérdida de control), abstinencia, así como las consecuencias negativas para la propia salud, situación personal o social, esto para conceptualizar una adicción.
Actualmente, dentro de las adicciones existen dos grupos: las químicas o de sustancia (cocaína, heroína, cannabis, alcohol, etcétera) y, por otro lado, las sin sustancia. Esta última ha ido en aumento y también es conocida como adicción social o comportamental.
En las dos últimas décadas, debido al estrés excesivo al que se somete día a día la población, no es sorpresivo escuchar que las personas buscan con ansias momentos de relajación mediante distractores.
¿QUÉ GENERA EL ENGANCHE?
La dificultad para afrontar los problemas, una baja autoestima, impulsividad la inexistente tolerancia a estímulos físicos o psicológicos desagradables como el dolor o la tristeza, el estado de ánimo depresivo o disforia y la búsqueda de sensaciones extremas (fuertes) aumentan la predisposición y vulnerabilidad para que un sujeto desarrolle una adicción.
El ser humano tiende a repetir las conductas que originan consecuencias satisfactorias y, por ello, se pueden generar comportamientos adictivos. El consumo de ciertas sustancias o drogas proporciona un aumento considerable del neurotransmisor llamado dopamina, este genera en la persona una sensación de euforia o el llamado subidón.

pues la adicción al sexo, actualmente, tiene diversas variantes
LAS COMPORTAMENTALES
Cuando se genera un aumento de la dopamina no solo se asocia al consumo de sustancias, sino que puede generarse a través de otro tipo de conductas, como son: el juego, las relaciones sexuales, los atracones, las compras, etcétera. El reforzador que mantiene la conducta adictiva pasa de ser positivo a negativo en el proceso en el que se desarrolla la adicción.
Las conductas adictivas inicialmente son mantenidas por un reforzador positivo, como es el placer experimentado o subidón descrito, pero a medida que la conducta se mantiene, dicho reforzador acaba siendo negativo y responde a la necesidad de no experimentar la ansiedad que siente el sujeto al no llevar a cabo dicha conducta.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido como DSM, sigla que hace referencia a su denominación original Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, es probablemente el producto institucional más relevante en el ámbito de la psiquiatría ya que ha reconocido como adicción comportamental el “Trastorno de juego por apuesta” (Juego Patológico) dentro de la categoría “Trastornos no relacionados con sustancias”; sin embargo, en la sección III de dicho manual, que reserva algunos trastornos que requieren más estudio, se ha insertado el “Trastorno por adicción a videojuegos en línea”.
Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicó su CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades) incluyendo el “Trastorno por videojuegos” dentro de la categoría “Trastornos debidos a comportamientos adictivos”. Asímismo, ha incorporado la “Compulsión sexual” aunque no en la categoría de comportamientos adictivos, sino como un “Trastorno del control de los impulsos”.
CARACTERÍSTICAS
Las adicciones comportamentales tienen características en común con las adicciones a sustancias; la única diferencia clara es la ausencia de ingesta. Estas son:
- Pérdida de control sobre la conducta o actividad.
- Dependencia psicológica.
- Tolerancia (necesidad de aumentar el tiempo dedicado a la actividad para sentir el mismo placer que
al principio o evitar el displacer). - Pérdida de interés por otras actividades o conductas que antes eran placenteras para la persona.
- Interferencia en la vida cotidiana,
que puede llegar a ser grave.

Algunas de estas adiciones son:
Sexual:
Se define como una conducta de no control sobre el comportamiento sexual que provoca dependencia y abstinencia. Se incrementa progresivamente la frecuencia de la actividad sexual tanto a nivel de fantasías, como de la utilización compulsiva de diversos medios como internet o el comportamiento sexual abierto, no discriminado y compulsivo con conductas sexuales anónimas o no, pero múltiples y breves. Se genera cuando la conducta placentera pasa a vivirse como una necesidad imperiosa, a convertirse en un comportamiento inevitable y deteriora las relaciones familiares, afectivas, sociales, económicas o laborales. También es conocida como “Trastorno compulsivo sexual”, engloba los casos en los que no existe abstinencia, pero sí los elementos propios de la conducta adictiva. También se le ha denominado “Hipersexualidad excesiva y no controlada”.
Trabajo:
El 35% de los profesionistas mexicanos es adicto al trabajo, afirmó Cecilia Colunga Rodríguez, académica del Departamento de Salud Pública del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de la Universidad de Guadalajara y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel 2).
El paso de una conducta normal en el trabajo a una conducta adictiva se da cuando el sujeto se sobre implica y desarrolla dificultades serias para establecer límites a su dedicación al trabajo. Esta falta de límites repercute de manera negativa en otras áreas importantes de su vida: ocio, relaciones familiares, sociales, de pareja, su salud física y mental. México está considerado como uno de los países con más horas de trabajo en el mundo. Quienes generan una adicción a su labor pueden padecer gastritis, hipertensión arterial y daños cardiovasculares.
Compras:
De acuerdo con Gabriela Orozco Calderón, profesora de la Facultad de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México, se le conoce como oniomanía a la adicción a las compras o al consumo compulsivo que consiste en la adquisición impulsiva e incontrolable de objetos, incluso no necesarios.
Ante un estado de ánimo bajo o disfórico la persona siente el deseo irrefrenable de realizar compras; también puede darse como una respuesta ante emociones primarias como son venganza o aburrimiento.
El diagnóstico incluye una preocupación mal adaptativa o impulsiva por no comprar, pensamientos intrusivos en la vida cotidiana, irresistibles y sin sentido que quitan tiempo para realizar otras actividades por ir a comprar objetos que no se necesitan, y alteran ocupaciones sociales y familiares.
Debido a la gratificación inmediata, el estatus que genera es un perfil de personalidad neurótica, se busca el reconocimiento de los demás a través de la aprobación por tener artículos nuevos o de marca.
Internet
Jennifer Lira Mandujano, investigadora de la UNAM, indicó que, aunque está normalizado su mayor uso actualmente, esta herramienta puede derivar en una adicción en algunas personas.
La persona que posee una adicción a las nuevas tecnologías se caracteriza por una dedicación exclusiva o tiempos de conexión prolongados que pueden llevarlo a descuidar ciertas áreas importantes de su vida, como el trabajo, las relaciones sociales, la alimentación, el descanso, entre otras actividades. En 2023, alrededor de un centenar de universidades públicas en Estados Unidos iniciaron una demanda colectiva en contra de las grandes empresas que operan las principales plataformas de redes sociales por los daños que están generando en la salud mental de miles de estudiantes al explotar el sistema de recompensa del cerebro de jóvenes para que vuelvan una y otra vez a las aplicaciones, generándoles ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas.

USO, ABUSO Y ADICCIÓN
Generalmente se ha diferenciado entre uso, abuso y adicción, ya que no todo el mundo se convierte en adicto, por lo que las características entre ellas son importantes.
Se emplea la palabra “uso” cuando no hay complicaciones, problemas o sufrimiento para la persona. Podrá ser ocasional, de uso social, de uso controlado o de uso casual.
Se habla de “abuso” cuando hay exceso, cuando hay un uso continuado, regularizado, que aumenta, y se emplea en ello sobrado tiempo, de forma tal que la persona comienza a evitar determinadas situaciones sociales, pero existe cierta capacidad de control.
En la adicción, la pérdida del control convierte al sujeto en un esclavo que persigue con el consumo, no la gratificación, sino la reducción de la disforia, el refuerzo negativo.
Al ser “nuevas” adicciones, existen sesgos sobre los efectos en un sentido o en otro. Por ello, es de relevancia proporcionar información correcta y tener siempre presente que el objetivo de una persona es tener las suficientes habilidades para enfrentarse adecuadamente a su entorno y poderse adaptar a él.
La necesidad de obtener placer inmediato que haga olvidar los problemas de la vida cotidiana posee una
fuerte capacidad adictiva.
Familia e Iglesia ante las adicciones
ISRAEL MAGALLANES GODOY

La Iglesia, en su labor evangelizadora, tiene presencia y cercanía con las familias. No siempre es oportuna y eficaz como se quisiera. Las circunstancias son diversas. No podemos olvidar que los primeros educadores, formadores y promotores del bien común son los padres de familia quienes, conociendo el mundo y sus peligros, tendrían que estar alertas para advertir, orientar y corregir a los hijos. Ya sea porque se trate de las adicciones muy conocidas, diríamos las tradicionales por las sustancias utilizadas, pero también de las “nuevas” como nos dice Michelle Fletes en el tema de la semana de este número.
PRESENCIA EN LA FAMILIA
La Iglesia siente el deber de reservar una atención privilegiada a la familia, núcleo central de toda estructura social, y debe anunciar con alegría y convicción la Buena Nueva sobre cada miembro para promover una auténtica cultura de la vida. Aunque la familia es asediada por tantos peligros hoy en una sociedad secularizada, hay que tener con anza en ella porque posee y comunica todavía energías formidables capaces de sacar al hombre del anonimato, de mantenerlo consciente de su dignidad personal, de enriquecerlo con profunda humanidad e insertarlo en el tejido de la sociedad.
Más aún, según el Papa Francisco, la Iglesia debe tener una particular solicitud pastoral hacia los individuos -principalmente los jóvenes- cuyas existencias están marcadas por tragedias personales y devastadoras, y hacia las sociedades que se encuentran ante el deber de no dejarse dominar por fenómenos diversos, algunos muy actuales y muchas veces peligrosos, como son las drogas y todo lo relacionado con el sexo, el abuso de las redes sociales, etcétera.
No obstante, el desinterés, los prejuicios y hasta la hostilidad que hoy amenazan la institución familiar, está la experiencia de cuantos trabajan con especial competencia en sus diferentes áreas de ayuda: psiquiatras, psicólogos, sociólogos, médicos, asistentes sociales, entre otros, confirma en modo unánime que el modelo cristiano de la familia permanece como el punto de referencia prioritario sobre el cual insistir en toda acción de prevención, recuperación e inserción de la vitalidad del individuo en la sociedad.

En el esfuerzo de prevención y en la lucha contra todo tipo de adicción, la familia debe hacer un llamado, frente a las dificultades de la vida cotidiana, a los recursos interiores de todos sus miembros. Desde la adolescencia, los hijos miran a los padres y a la familia como modelos de vida. Luego, tienden a separarse y casi a oponerse a ellos para buscar una propia y autónoma realización fuera de la familia, siguiendo modelos con frecuencia en contraste.
Si la familia descubre que está directamente implicada en el drama de las variadas dependencias o esclavitudes, no debe absolutamente cerrarse, ni tener miedo de hablar de manera clara de lo que está viviendo. Debe tener el valor de pedir ayuda a quien está en grado de ayudar y puede válidamente aconsejarla. Cerrándose, en efecto, en la propia pena a causa de una malentendida vergüenza por lo que ocurre al interior del hogar.
Por otra parte, podemos constatar en tantos casos que es la esperanza valiente de una real liberación a empujarnos, como creyentes y miembros de la Iglesia, a sacar adelante, no obstante, las dificultades, este servicio en favor de los hermanos necesitados de solidaridad, de comprensión, de confianza y de ayuda. Empezar a recorrer, tantas veces, un camino de la desesperación a la esperanza.

