La democracia no se reduce a procesos electivos, pero sí son una manifestación a través de los cuales, con normas claras y justas e instituciones autónomas, se manifiesta y concretiza la vida democrática de una nación o una comunidad, cuando de manera informada y libre decide quiénes serán sus representantes o gobernantes.
La designación de María Corina Machado para recibir el Premio Nobel de la Paz 2025, sin una lectura simplista desde posiciones ideológicas, pero también sin la ingenuidad que conlleva no reconocer una intención política global, nos lleva a volver nuestra mirada a la democracia y la importancia de esta para la construcción de rutas, protección, incluso rescate de medios viables y justos, como instituciones diseñadas para la democracia.
¿Quién y con qué argumentos se podrá cuestionar que “la democracia es un requisito previo para una paz duradera”? Ahora bien, debatible es cuando se ofrece a una persona como referente de tal o cual reconocimiento, y en un tema como la paz a través de luchas y acciones prodemocráticas. En entornos conflictivos y polarizados no hay posiciones y acciones puras. Quien esté libre de ideología o de pecado, que reclame el premio para sí.
Las razones que llevaron al Comité Noruego del Nobel por la paz 2025 no sólo responden a las condiciones de Venezuela y el actuar de Corina Machado. Hay una lectura y llamado global: “Vivimos en un mundo donde la democracia está en retroceso, donde cada vez más regímenes autoritarios desafían las normas y recurren a la violencia”, se expuso en el anuncio.
Y fue incluso más preciso: “Observamos las mismas tendencias [de Venezuela] a nivel mundial: el Estado de derecho abusado por quienes ostentan el poder, la libertad de prensa silenciada, los críticos encarcelados y las sociedades empujadas hacia regímenes autoritarios y la militarización. En 2024, se celebraron más elecciones que nunca, pero cada vez son menos libres y justas”.
¿México se libra de este diagnóstico global? Podrá decirse y repetirse que sí, pero los hechos muestran signos de preocupación. ¿Cuándo, con qué y cómo?:
Cuando instituciones construidas como contrapeso del poder son desmanteladas, cuando las que se mantienen son cooptadas; cuando se entorpece y dificulta el acceso a la información, se controla la comunicación y libre expresión mediante recursos que alientan una narrativa única descalificando siempre al otro; cuando los recursos públicos con destino originario para el desarrollo integral y libre de personas y comunidades se usan con fines de domesticación y control; cuando se alimenta la polarización desde una visión maniquea; cuando la violencia en todas sus manifestaciones, en particular la que enluta a familias enteras con personas desaparecidas se minimiza; cuando la corrupción, pequeña y a gran escala como la nunca antes registrada en el país se trivializa e incluso vulgariza alimentando la impunidad.
El punto básico del Nobel de la Paz no debería centrarse sólo en la persona, sino en el llamado permanente a construir y mantener una vida en paz, la cual, ahora tiene como exigencia necesaria la defensa, promoción e incluso rescate de la democracia.
Hasta 2024, se habían entregado 105 premios Nobel de la Paz a un total de 142 galardonados: 111 personas y 31 organizaciones. Las organizaciones más premiadas son el Comité Internacional de la Cruz Roja (tres veces) y la O cina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (dos veces). En 1982 lo recibió el mexicano Alfonso García Robles.
