Claudia Rojas Silva

Expectantes los fieles fueron tomando sus lugares en las bancas del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe; afuera, los Obispos Auxiliares de la Arquidiócesis de Guadalajara fueron llegando, con una evidente sonrisa en el rostro; el cuchicheo de la feligresía estaba dividida, pero sabían que algo importante estaba por suceder.
La procesión comenzó con paso firme, frente a la Madre de Dios, el saludo del Cardenal José Francisco Robles Ortega sorprendió a quienes todavía no estaban enterados del acontecimiento; sin embargo, nadie se movió de sus lugares y escucharon atentos no solo la Palabra, sino la lectura de la hermosa carta (Bula) que convoca a todo el pueblo de Dios: “Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana”
El Arzobispo de Guadalajara encabezó la marcha. Salió caminando del Santuario para emprender el peregrinar de esperanza que marcaba el inicio del Año Jubilar en la Iglesia tapatía; los contingentes detrás de él avanzaron alegres, con fe, entusiasmados… bastaba ver la cara de los fieles y las religiosas que salieron como guerreras de intercesión.

El camino fue más breve que nunca ya que se acompañaban los unos con los otros. En el andador Alcalde fueron sorprendidos quienes no esperaban esta llamada de Dios; y quienes ya sabían, fueron testigos de un momento glorioso, orden y esperanza.
Los curiosos salieron a los umbrales de las tiendas; algunos fieles del comercio no dudaron un segundo en dejar sus actividades en pausa para aprovechar una fotografía; algunos con el corazón batiendo en su pecho, sintiendo la presencia de Dios en sus ungidos, en las religiosas entusiastas, en la solemnidad con la que avanzaban los Seminaristas.
Los medios de comunicación también se agruparon, una foto por un ángulo y otra más para dar a conocer el hecho histórico, pues Dios recibe a su pueblo todos los días en los recintos sagrados, pero abre las puertas de par en par cada 25 años para que todos alcancen la salvación.

Entonces se escuchó el sonido de las campanas en todo el Centro Histórico. El sonido ensordecedor y bello hizo eco no solo en los oídos sino en el corazón de quienes caminamos, con prisa, incluso, para escuchar las palabras del Pastor arquidiocesano, quien al tomar la cruz entre sus manos y levantarla en signo de que Dios está más cercano que nunca, comenzó su andar al interior de Catedral de Guadalajara para oficiar la celebración Eucarística, gran banquete de unidad, en el marco de la fiesta de la Sagrada Familia… y saber de esta manera que nada podrá separarnos de Dios.

“Este Año Jubilar quiere renovar nuestra vida, invitarnos a replantear que estilo de vida llevamos, que hay que corregir para deberás reconocernos hijos de Dios y verdaderos discípulos de Jesucristo (…) El abrir la puerta, por el sucesor de Pedro, el Papa, es un signo sumamente fuerte, potente (…) Al abrir la Puerta Santa se nos recuerda que Dios viene a nuestro encuentro para abrazarnos, para sanarnos, para liberarnos, para hacernos en verdad hijos de Dios, pero corresponde a otro signo también muy potente: al corazón. Para que nosotros experimentemos el amor y misericordia de Dios, necesitamos abrir el corazón a Dios”, pronunció el Cardenal José Francisco Robles Ortega.
Es así como ha comenzado este Año Jubilar. Tenemos poco menos de un año para disponer la puerta interior de cada uno y decir: “Señor, si quieres puedes sanarme”

