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Atención a los nuevos Sacerdotes, queridos Párrocos

por Michelle Fletes Rubio
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Hermanas y hermanos en el Señor:
Presenté la semana anterior el primer ministerio que ejercemos en la comunidad, en nombre de Cristo, único y eterno Sacerdote, que es el de la predicación de la Palabra.
Los fieles quieren, por ejemplo, ver al Padre en las pláticas pre-sacramentales. Es muy importante que se haga presente con su predicación, lo mismo en el servicio de la Catequesis.
Este ministerio es importante en nuestra vida sacerdotal porque es el ejercicio de Cristo Palabra que anuncia y predica el Reino de Dios.
La Palabra está íntimamente relacionada con el Sacramento, porque aquí tiene su cumplimiento y su plenitud, especialmente en la Eucaristía. El ministerio de la Palabra está estrechamente relacionado con el ministerio de santificar al pueblo de Dios por medio de los Sacramentos.
De los dos anteriores ministerios resulta el de conducir, regir y guiar a la comunidad, manteniéndola unida en la fe, en la Palabra y en la vida de los Sacramentos y, al mismo tiempo, como fermento en la gran comunidad, que es la sociedad.
A veces, cuando se habla del servicio de gobernar lo entendemos mundana mente, de tal forma que lo ejercemos como si tuviéramos un mando absoluto sobre los fieles (“aquí se hace lo que yo digo”). Éste no es el sentido, sino que lo importante es mantener a la comunidad unida en torno a Cristo, a su Palabra y a los Sacramentos, proyectándola en los acontecimientos de la vida humana.

Ésta es la esencia de nuestro ser: ejercer el triple ministerio que Cristo nos confía para servir, santificar y formar a su Iglesia. Es un servicio trascendente, sobrenatural y de gracia, de salvación, es el ejercicio de la misericordia en favor del pueblo que se nos ha confiado.

Por otra parte, quiero recordarles que sobre ustedes pesa la responsabilidad de influir, animar y hacer crecer la vida sacerdotal en los nuevos Presbíteros.

Éstos, que terminaron su formación inicial, comienzan a proyectarse en su ministerio, por lo que es decisivo el papel del Párroco en el contacto del nuevo Sacerdote con la realidad pastoral.
Queridos Párrocos, apoyen a los Sacerdotes nuevos para que sean, desde ya, un verdadero aporte a la vida evangelizadora y transformadora que tenemos como misión en la Iglesia.

Esto implica las relaciones humanas, que pueden ser difíciles, por lo que se deben ir construyendo por medio de la comunicación, la convivencia, la confianza y la oración juntos.

Tiene que haber un ejercicio y un proceso de relación humana para poder guiar a los Sacerdotes que se van integrando a la pastoral parroquial, después de haber terminado su vida de formación.

Ténganles paciencia y Dios les dé sabiduría en la atención a los Vicarios que se les confían, queridos Párrocos. Nadie está suficientemente maduro como para no necesitar acompañamiento.

Todos tenemos limitaciones e imperfecciones, que pueden ser más evidentes en los recién salidos del Seminario. Que esto no sea motivo de conflicto, sino de impulso para seguir creciendo. Se trata de que, en la práctica, se vayan limando asperezas y superando dificultades. Se supone que los Párrocos están más maduros y experimentados en su ministerio y pueden ser inspiración y apoyo para los nuevos Sacerdotes.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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