Alfredo Arnold
A medida que avanzan los días, crece el encono entre los rivales. Se dicen de todo, se amenazan, tratan de imponer su superioridad. Y no hablo de futbol, sino de la sociedad, o más bien de las sociedades que están profundamente divididas, tanto a nivel mundial como en el ámbito nacional.
En España, por ejemplo, se da un intenso diálogo político que excede los límites del debate. Un día sí y otro también, ocurren los intercambios verbales entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y sus no menos fogosas contrincantes; hasta los novios –sin deberla ni temerla– salen a relucir en los debates… También los viejos pelean: ahí están Aznar y Rodríguez Zapatero en problemas con la justicia.
Europa, a pesar de su ejemplar Unión Europea, está claramente dividida y cada vez más pobre y despoblada de jóvenes. España parece haberse distanciado de sus vecinos. Antes fue el Brexit británico lo que provocó el debilitamiento del bloque. Ahora, con una población que envejece, han perdido el impulso o las ganas de vivir mejor.
Asia y Europa Oriental, además de la guerra entre Rusia y Ucrania que no tiene para cuándo acabar, se ha complicado con otra guerra, la de Israel y Estados Unidos contra la nación iraní que no fue derrotada con la facilidad que presumía el presidente norteamericano; en cambio, ha provocado un caos en el estrecho de Ormuz por donde pasan o deberían pasar enormes envíos de petróleo.
De este lado del mundo, Estados Unidos está ocupado en sus propios problemas. Parece que ya resolvió la situación de Venezuela y ahora va contra Cuba.
Y aquí en México, donde deberíamos estar unidos frente a una crisis mundial que va en aumento, los partidos políticos arrecian la carga contra sus rivales. Un ejemplo palpable son los recientes casos de Sinaloa y de Chihuahua; situaciones completamente distintas y, sin embargo, las han ligado artificialmente para sacar provecho político… y eso que aún no comienza el proceso oficial que culminará con las elecciones de 2027. La economía y el bienestar de la gente se desploman a gran velocidad.
Es cierto que no todo es malo o peligroso, también hay gente que trabaja, niños que van a la escuela, mujeres que se preparan para aspirar a un futuro más independiente y a una vida mejor. Hay mucha gente que se esfuerza por mejorar, pero, lamentablemente, lo malo siempre sobresale y tiende a ocultar o minimizar lo bueno.
¿Es peor esta época o fueron peores las anteriores? En el pasado ciertamente hubo confrontaciones, guerras, miseria; aquellas fueron experiencias amargas que ya deberían haberse superado. Sin embargo, parece que este siglo 21 no será muy diferente al anterior. Hemos dado enormes pasos en tecnología, pero la convivencia social sigue empobrecida.
No hay esfuerzos serios y coordinados para aumentar el bienestar; vamos a la deriva, habitamos un mundo de locos, cada vez más divididos y confrontados.
Que el Cielo nos agarre confesados.
El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de larga experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

