JOSÉ DE JESÚS PARADA TOVAR
El número Mil Quinientos,
prestigio del Semanario.
Llueven augurios, por cientos,
al resultar necesario.
Muy poco tiempo de vida
le daban con voz tronante;
pero sigue tan campante
y aceptación extendida.
Desde su tumba escarlata,
y gritando en tono mayor,
Don Juan Sandoval, Fundador,
pide escribir sin erratas.
Dice que tiene argumento
y que bien sabe de Medios;
pero ya no es el momento,
y por eso no hay remedio.
Muy mesurado, a un ladito,
y con discurso quedito,
Don Francisco, el Cardenal,
dicta su aportación pastoral.
Dos veces elector papal,
como dos antecesores,
vive ya tiempos mejores
en un cónclave celestial.
Y roturaron camino varios con grande acierto
como aquel Padre Adalberto, con su visión y gran tino.
Amigo de Periodistas,
en Edén les da noticias.
Ya no requieren de pistas;
gozan de santas albricias.
Y otros tres Directores:
Pedro, Ávila y Anceno,
prenden también reflectores
y hacen festín muy ameno.
Se justifica el relajo
por tenaz perseverancia.
Hay campanas, resonancia,
y repica Fray Badajo.

