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Cáncer y el amor de Dios

por Quetzali Hernández
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Querida Lupita:
Una amiga mía muy joven fue diagnosticada con cáncer. Iniciará con quimioterapia en unos días y no sé cómo acercarme a ella, qué decirle. Estoy en shock con la noticia.
Araceli L.

¡Ámala!
En definitiva, el hecho de recibir un diagnóstico de cáncer es devastador. Lo asociamos enseguida con dolor y pérdida, aunque no debería ser así. La ciencia ha avanzado tanto que prácticamente podemos decir que esta enfermedad, detectada a tiempo, hoy por hoy es curable. Implicará un tratamiento que requiere paciencia, disciplina, fortaleza y compromiso. Los gastos pueden rebasar por mucho nuestras posibilidades y esto, por supuesto, aumenta la preocupación en momentos en los que debemos estar lo más tranquilos posible.

Esta vez invitaré a una chica valiente que con 23 años de edad puede responder una pregunta así. Su nombre es Paloma. Ha tomado ya 5 de 10 quimioterapias y su forma de hablar y de ser nos devolverá el aliento cuando la tristeza invade.

La visité hace unos días y me edificó tanto con sus palabras y con su testimonio.

-He podido sentir la presencia amorosa de Dios. Tenía dolores inexplicables. Una noche de dolor agudo me llevaron al hospital y detectaron agua en mis pulmones. No podía ya respirar. Recibí el diagnóstico en familia. El amor de mis padres y hermanos me sobrepasó. El trato cariñoso de médicos y enfermeros me dieron fortaleza. He caminado este duro proceso tan acompañada, tan arropada de oraciones, que no me cabe duda que Dios existe y que solo permite males de los que saca abundantes bienes. He podido reconocer mis bendiciones, un novio que no me abandonó, sino que supo decir heroicamente: “no me iré, permaneceré a tu lado”. Se rapó primero para luego raparme a mí, pues iba perdiendo el cabello de acuerdo a los efectos secundarios del tratamiento.

Mis padres y hermanos haciéndose fuertes para animarme, mis amigas visitándome y cultivando un ambiente de alegría. He descubierto lo que en realidad importa y he dejado de lado tantos temas super oficiales que algún día pudieron quitarme la paz-

Guapa y plena, en un momento dado ofreció a Dios su dolor, “para el bien que Tú quieras hacer Señor”. Conmovida salí de su casa, bendiciendo a nuestro Buen Dios que, como siempre, envía consuelos en las penas.
Lupita Venegas/ Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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