Carlos Cordero

La escalada del conflicto en Medio Oriente pone de manifiesto la necesidad de reflexionar sobre la fragilidad del orden internacional liberal. Lo que en días pasados se ha convertido en un polvorín es el resultado de décadas de agotamiento diplomático, pero sobre todo de ruptura de acuerdos y demostración de fuerza. Las aspiraciones expansionistas del Estado de Israel han terminado de romper la confianza en la diplomacia formal, privilegiando las estrategias personales de su líder Benjamín Netanyahu lo que ha colocado al mundo al borde de un nuevo conflicto internacional.
Este escenario catastrófico nos plantea dos posiciones. Por un lado, tenemos a Irán, un país gobernado por un gobierno teocrático que desde hace más de 40 años plantó cara a las naciones Occidentales y en ese fervor se ha ganado la imagen de peligro latente para occidente. Desde inicios del siglo XXI, cuando George Bush lo incluyó en su famoso “Eje del Mal” al lado de Iraq y de Corea del Norte, Irán se convirtió en una diana privilegiada para lanzar todo tipo de señalamientos sobre la amenaza que representa para la paz en Medio Oriente y para el Mundo. En la otra posición, desde hace 20 años, el Estado de Israel no ha cesado de denunciar el proyecto civil de enriquecimiento de uranio (programa atómico) de Irán, como una trata que esconde realmente el proyecto para desarrollar la bomba atómica, y por lo tanto señalar a Irán como una amenaza directa a la existencia del estado israelita.
Frente a ello, Irán había construido una cerca de protección alrededor del Estado de Israel financiando grupos terroristas en prácticamente todos los países vecinos de esa nación. Sin embargo, desde octubre de 2023 después de los lamentables y funestos atentados perpetrados por Hamas, organización que gobierna la Franja de Gaza y que ha sido clasificada como entidad terrorista por los gobiernos de occidente, Israel aprovechó la ocasión para atacar contundentemente a las milicias terroristas que formaban ese cinturón de seguridad que había construido Israel debilitando las capacidades de respuesta de Irán frente a un ataque como el del fin de semana pasado. En medio de esto, Israel ha atacado sistemáticamente bases militares Iranies, decapitando a su cúpula de científicos y militares. Irán está seriamente debilitado e incapacitado para responder contundentemente a las agresiones de su vecino que aprovecha el caos y la incertidumbre internacional para ampliar y ejecutar sus planes de dominio y extensión de poder en la región. Israel es consciente de que su mejor aliado es la incertidumbre que Trump ha generado en el orden internacional y por ello aprovecha la oportunidad, no solo de atacar a Irán sino de continuar la ocupación del territorio palestino. En el inter, la comunidad internacional se ha quedado paralizada sin saber cómo reaccionar, sorprendida por el despliegue de poder estadounidense que representó el bombardeo de las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahán, en Irán, que se perpetuó pasando por lato todos los organismos de legitimación internacional como el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y los de legitimación nacional (Congreso de los Estados Unidos de Amércia). Habrá que estar pendiente de los costos políticos no solo para la comunidad internacional, sino para la sociedad estadounidense.
El autor es director de la Oficina de
Internacionalización del ITESO

