Quetzali Cárdenas
Con alegría y gratitud, este sábado se celebraron los 50 años de Ordenación Presbiteral del grupo más numeroso de sacerdotes pertenecientes a la Generación 1961-1976. La Solemne Celebración Eucarística tuvo lugar en la Catedral de Guadalajara y fue presidida por el Arzobispo de Guadalajara José Francisco Robles Ortega, concelebrada por el Obispo Emérito de Zamora, Javier Navarro Rodríguez, contemporáneo de los festejados.
La ceremonia reunió a fieles, sacerdotes, familiares y amigos que acudieron para dar gracias a Dios por el testimonio y servicio pastoral de quienes han dedicado cinco décadas de su vida al ministerio sacerdotal.
Al inicio de la celebración, el canónigo Daniel Contreras dio la bienvenida a los presentes y destacó el sentido de la Eucaristía como acción de gracias por el don del sacerdocio. En su mensaje, invitó a los asistentes agradecer a Dios por sus dones, especialmente por la vocación sacerdotal y también a pedir perdón por las limitaciones humanas, confiando siempre en la misericordia del Padre. Asimismo, agradeció la presencia de la comunidad.
Durante la homilía, el Obispo Javier Navarro dirigió palabras de aliento y reflexión a los sacerdotes homenajeados. Subrayó la grandeza del llamado divino.
“Qué hermoso es que a uno frágil e incompetente le encomiende Dios ser administrador del Evangelio, que es palabra viva y eficaz” dijo.
El Obispo también tuvo un momento especial para recordar a los sacerdotes de esa generación que ya han fallecido, encomendándolos al Señor y agradeciendo el legado que dejaron a la Iglesia. De igual manera, resaltó la importancia de ejercer el perdón en favor del pueblo creyente, afirmando que para transmitir misericordia es necesario experimentar primero la misericordia de Dios en la propia vida.
Finalmente, los animó a perseverar en su identidad y misión, aun en medio de las limitaciones propias de la edad.
“Aunque vaya disminuyendo la actividad, sigan siendo sacerdotes y acérquense a la cruz, porque el poder del Crucificado es para aceptar la cruz de nuestros días”.
La celebración concluyó en un ambiente de alegría, fraternidad y profunda acción de gracias por estos 50 años de fidelidad sacerdotal.












