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Celebrar sin cantar victoria

por Quetzali Hernández
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LAURA CASTRO GOLARTE

El 13 de agosto pasado se dio a conocer el estudio de la Pobreza Multidimensional en México, correspondiente al periodo 2022-2024, ahora presentado por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, el INEGI, aunque con la misma metodología del Coneval.

El dato principal supera los que difundió el Banco Mundial, entidad que regularmente hace estudios similares, en 2024, cuando informó que casi 10 millones de mexicanos salieron de las  las de la pobreza entre 2018 y 2024; pues bien, con base en el estudio del INEGI, en el mismo periodo, fueron 13.4 millones de mexicanos los que dejaron esa condición y cambiaron a una mejor.

Es una hazaña histórica, algo para alegrarnos, para celebrar sin duda. No es una noticia que se dé todos los días, de hecho, no se había registrado en México una reducción de la pobreza de esa magnitud y en tan corto tiempo.

Por eso no puede dejar de llamarme la atención que esta información se haya destacado más en medios de otros países, que en los nacionales o locales.
En El País, de España, por ejemplo, aun cuando se buscaron giros negativos, terminaron por afirmar que era un “hecho histórico… digno de celebrar”. Realmente no es fácil lograr algo así y claro que no se puede cantar victoria ni quedarse en el triunfalismo. Falta mucho por hacer porque todavía casi 30 % de los mexicanos sigue viviendo en condiciones de pobreza y 5.3 %, de pobreza extrema. Son millones de personas.

Estos resultados tienen su base en una serie de medidas que no se pueden ignorar y que, en mi caso particular, había venido escribiendo y repitiendo desde el inicio de este siglo por lo menos, por ejemplo, la necesidad de incrementar los salarios. En los años noventa, cuando cubría la fuente de la Iniciativa Privada, era una pregunta recurrente y, la respuesta invariable era que repercutiría en la infación un aumento extraordinario. El castigo de los ingresos de la mayoría de los mexicanos vía salario permaneció por décadas hasta que hubo un cambio de gobierno en México, pero no sólo esto, cuando Estados Unidos y Canadá, especialmente los sindicatos, alzaron la voz contra nuestro país por la competencia desleal que los bajos salarios representaban.

Desde 2018 a la fecha los incrementos salariales han sido consistentes, mucho más altos que la inflación y el índice inflacionario no se descontroló, como se vaticinaba. La cuestión es que la mayor parte del valor agregado en México se lo siguen llevando los empresarios; ya lo he dicho muchas veces y desde hace tiempo: no sacrifican por nada sus utilidades.

Bueno, una de las causas de este dato extraordinario, para mantener, reforzar y seguir avanzando, es el incremento de los ingresos vía salarial; también se han incrementado por los programas sociales consignados como derechos en la Constitución política de nuestro país y por las becas estudiantiles para jóvenes de todos los niveles de manera que no abandonen sus estudios.

Influyó también la reforma laboral que implicó la prohibición de esquemas abusivos contra los trabajadores como el outsourcing o subcontratación. Se empezó a pagar lo que se tenía que pagar, más las prestaciones de ley. Cuánto han tenido que tolerar los trabajadores a cambio de un empleo, de un medio para vivir lo mejor posible ellos y sus familias.

Uno de los indicadores más rezagados, por el abandono de siglos, es el relativo a los habitantes de pueblos originarios en pobreza. Se redujo, sí, pero los números no llegan al promedio del INEGI.

Desde 2018 los programas y acciones para cambiar radicalmente, para mejorarlas, las condiciones de vida de los pueblos indígenas no han cesado. Se empezó con trabajo de campo para hacer diagnósticos y poco a poco se han instalado formalmente los planes de justicia y de desarrollo. He tratado de consignar esta información en este espacio porque prácticamente no se difunde.

Se empezó con varios en 2018 y el primero en instalarse fue el del Pueblo Yaqui el 27 de septiembre de 2021: restitución de tierras, administración del agua más infraestructura básica necesaria incluida la Universidad del Pueblo Yaqui que es una realidad. Otros más se han echado a andar y la Presidenta Claudia Sheinbaum ha continuado con esta labor de justicia social, la más enfocada en hacerla y garantizarla.

En mayo pasado se instaló el Plan de Justicia para el Pueblo Wixárika en La Yesca y hace una semana, el del Pueblo Amuzgo en Guerrero y Oaxaca. En el primer caso, se incluyó el trabajo específico para la recuperación de los territorios sagrados y se está logrando. Y en el segundo, se incluye, además de todo lo que implican los planes de justicia y desarrollo, una iniciativa enfocada en las mujeres artesanas.

Todas estas acciones han sido causa de la reducción de la pobreza, aquí específicamente en pueblos originarios, como nunca había sucedido.
Sí son hechos para celebrar, pero no se puede cantar victoria, hay que seguir con el modelo, por el mismo camino

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