FABIÁN ACOSTA RICO / UNIVA

En la posmodernidad, la disforia de edad se manifiesta en diversas tribus urbanas. Están los kidults, adultos que coleccionan juguetes, visten camisetas de superhéroes y presumen tenis de marca en convenciones y tianguis. Solo les falta la patineta para completar la regresión friki a sus años pubertos.
Con un aire vintage y femenino, aparecen las seguidoras del estilo coquette, que adoptan vestimentas de lolitas con moños y vestidos ampones, evocando niñas del siglo pasado. Y en casos extremos está Stefonknee Wolscht, un hombre de 60 años que abandonó a su familia para vivir como una niña de 6, siendo incluso adoptado en ese papel.
Ante estos ejemplos de infantilización voluntaria, no sorprende que desde China —cuna de modas consumistas como los labubus— haya surgido la tendencia de los chupones para adultos. Puede sonar ridículo, pero es un negocio millonario. El hábito de succionar, propio de la primera infancia, debería ser una etapa superada, pero hoy vuelve como accesorio y objeto de consumo.
La moda llegó de China a Estados Unidos y pronto inundó TikTok, donde usuarios exhiben orgullosos sus chupones personalizados. No son simples réplicas de los infantiles: se fabrican tematizados, con incrustaciones y diseños coleccionables. Según el South China Morning Post, los precios van de 10 yuanes (1.40 dólares) a 500 yuanes (70 dólares), y hay tiendas en línea que venden más de 2 mil unidades mensuales.
EFECTOS PSICOLÓGICOS
Los defensores de esta práctica aseguran que no solo son accesorios excéntricos: destacan bene cios emocionales como ayudar a dormir, reducir ansiedad, dejar de fumar, mejorar la concentración e incluso facilitar la respiración. Según psicólogos, estos efectos se explican porque, en situaciones de estrés, succionar activa memorias inconscientes asociadas con la protección y el afecto materno durante la lactancia. Sin embargo, no son más que paliativos. Afrontar las causas profundas de la ansiedad sigue siendo la vía real de solución.
Los riesgos no son menores. Dentistas advierten que el uso prolongado de chupones para adultos puede deformar la mordida, causar dolor al masticar y hasta desplazar la posición de los dientes. Existe además peligro de asfixia si el objeto se inhala accidentalmente durante el sueño. Un ortodoncista subraya que la mordida abierta es la consecuencia más común, pues el chupón empuja los dientes hacia adentro o hacia afuera.
Existen alternativas más saludables contra el estrés, como el chicle sin azúcar, los juguetes antiestrés, la meditación o la terapia psicológica. Incluso el acompañamiento espiritual puede resultar más constructivo que recurrir a un objeto que, en el largo plazo, daña la salud dental.
La paradoja de esta moda es que refleja una sociedad invertida. Mientras algunos adultos buscan refugiarse en la niñez a través de chupones y estéticas infantiles, no son raros los padres que precipitan a sus hijos hacia la adultez. Es frecuente ver a madres que disfrazan a sus niñas con minifalda, peluca y mallas, enseñándoles coreografías inapropiadas para su edad. La postal posmoderna es doblemente absurda: la madre que infantiliza su ansiedad con un chupón mientras adultiza a su hija en un escenario de audición.
Este contraste —adultos infantilizados y niños convertidos en adultos prematuros— revela un mundo al revés, donde la adolescencia se idealiz acomo etapa permanente, reforzada por mangas, animes y redes sociales. Vivimos en tiempos de adolescentrismo y paidocracia, en los que ya no sorprende ver a niños vapeando mientras los adultos usan chupón.

