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Comparten seminaristas su vocación durante visitas a colegios

por Quetzali Hernández
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Heriberto Arreola, 3ro filosofía

Escuchar la llamada de Dios en los primeros años de nuestra niñez o juventud es un regalo de Aquel quien nos ama y siempre está con nosotros.

Uno de los acontecimientos más esperados dentro de la Campaña del Día del Seminario es la visita a los colegios de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Compartir el don de la vocación con aquellos que están iniciando a vivir nos motiva a entregarnos con generosidad y a prepararnos más para responder a los desafíos que surgen en nuestra sociedad

La visita a los colegios es especialmente importante en nuestra formación, no porque nosotros recibimos algo, sino porque a través de nuestro encuentro con aquellos chicos de educación básica, ellos pueden ver el sacerdocio como una opción de vida. No solo se trata de ir a sus escuelas y darles un mensaje, la tarea principal es dar testimonio de alegría y de encuentro con Cristo. Cada una de nuestras acciones deben de presentar la opción al sacerdocio como un estilo de vida.

Algo que, personalmente, me gusta hacer durante estas visitas es darles una tarea a todos esos niños, consiste en platicar con sus padres sobre lo que habría ocurrido esa mañana en el colegio, no como un simple compartir, sino como una forma de hacer partícipes a los padres de familia de este acontecimiento. Todo esto con miras a que ellos dejen a sus hijos la libertad de esa decisión importante en sus vidas. Es significativo para mí el que mis padres me hayan apoyado completamente en mi decisión para entrar al Seminario, y creo que, para todo hombre, tener el apoyo familiar es muy importante en la toma de decisiones claras e importantes.

Hace un par de semanas, mientras escuchaba el podcast “Lanzando la Red” de nuestro Seminario, me llenaba de ilusión el escuchar a uno de los expositores que decía que la vocación no surge de un instante a otro, es un proceso que siempre está ahí para hacerse fuerte su voz cuando estamos más dispuestos a escucharla… la llamada del Señor siempre estuvo ahí, solo que hay algunos que la escuchan a una edad más avanzada y hay otros que desde pequeños ya tienen esa certeza de escuchar a Dios en su vida.

Quizá tu ya hayas encontrado tu vocación, tal vez has sido completamente feliz en aquello que haces, de cierta manera, haz descubierto la voz de Dios. De la misma manera, es muy loable encaminar a nuestros jóvenes, animarlos a preguntar se qué es lo que Dios quiere de ellos, cómo pueden servir mejor, a quién entregarle su vida. La vocación es motivo de alegría, el Señor me invi1|ta a entregarme con generosidad en aquello a lo cual Él me llama.

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