Inicio Prensa ArzobispadoLa Palabra del PastorComunión Sacerdotal o pérdida de sentido

Comunión Sacerdotal o pérdida de sentido

por Quetzali Hernández
0 comentarios

¿Cuáles son las opciones civiles ‘religiosas’ por las que están optando muchas personas en este tiempo? Primero, El secularismo, vivido como una propuesta religiosa; también el materialismo; además, el individualismo; la ideología de género, etc., que muchos hermanos profesan, y que, por lo tanto, ya no le dan valor a un Sacerdocio ligado a una religión específica cristiana católica.

Por eso, en este contexto, los Sacerdotes debemos preguntarnos: ¿Qué significa para mí el ministerio sacerdotal? ¿Qué sentido da a mi vida ejercerlo? ¿Qué ánimo me mueve, ante estas circunstancias, seguir siendo ministro, Sacerdote del Señor?

Si no nos hacemos estas preguntas, es posible que prevalezca en nuestro interior, aunque no lo digamos, un desaliento, una desilusión, una falta de valor y de sentido a la opción que hicimos y a la que fuimos llamados.

Nos podemos desencantar. No se trata propiamente de una crisis, pero, efectivamente, mina nuestro entusiasmo y pone límites a nuestra acción pastoral.

No olvidemos que nuestro ministerio sacerdotal lo ejercemos en los distintos contextos que mencionamos (la semana pasada), en esos ambientes, pero también lo vivimos y lo desempeñamos en relación con las personas, que no es circunstancial, sino sacramental.

¿Cómo vivo este aspecto presencial de mi Sacerdocio ministerial?, es decir, me debo preguntar sobre la relación de comunión con mis hermanos, partícipes del mismo Sacramento del Sacerdocio ministerial.

Además, ¿cómo vivo la relación con mi Obispo y con las personas que se me han confiado en mí servicio pastoral, y de manera especial con aquellas personas que están más comprometidas en la misión de la Iglesia?

Estas preguntas no son para desanimarnos, sino para ubicarnos y para reanimarnos, renovar el espíritu y nuestra vida.

El otro punto esencial en nuestro ministerio es la Iglesia, a la que nos debemos y para la que ofrecemos nuestro servicio sacerdotal. Miremos a la Iglesia misionera, de puertas abiertas, samaritana, familia, comunidad, y al mirar a la Iglesia, preguntémonos: ¿Qué debo renovar, ante Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, en bien de la Iglesia?

Si nos renovamos en lo esencial, entonces nos llenaremos de esperanza, recuperaremos el sentido y el valor de nuestra misión sacerdotal, y al mismo tiempo que nos renovamos y nos llenamos de esperanza, nos vamos a convertir en testigos y promotores de esa esperanza.

En este año, la Iglesia nos invita a fortalecer nuestra condición de peregrinos de esperanza. Por eso, avivemos nuestro Sacerdocio para que se renueve nuestra esperanza, y renovada, nos convirtamos en mensajeros y testigos de esperanza en la comunidad, y en comunión con nuestros hermanos Presbíteros, y en la comunión y participación de nuestros hermanos bautizados que formamos todos, el pueblo sacerdotal, el pueblo que Jesucristo se mereció con su muerte y su resurrección.

También te puede interesar