Hubiéramos querido iniciar de mejor manera el año 2026. Por desgracia no fue así, ni a nivel internacional, ni nacional, ni local. El común denominador de esta desgracia sigue siendo la violencia, la delincuencia, la venganza, la amenaza, el reto agresivo, etc., que provocan temor, muerte y sufrimiento.
No encontramos la forma de detener esta espiral, y menos cuando cualquier tipo de poder interviene para alentar la guerra, cualquiera que sea, en todo nivel, incluyendo alguna autoridad de gobierno.
Al respecto, es oportuno recordar el pensamiento del Magisterio de la Iglesia sobre los con ictos, ya sean globales y entre naciones, sobre todo, pero que también se pueden aplicar a las diferencias entre grupos, familia y personas.
León XIV llamó “centinelas de la noche” a todo aquel que promueve una de las peores oscuridades del hombre, la guerra (el pleito, la confrontación), “entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza” (Jornada Mundial de la Paz 2026 – JMP 2026).
El Pontífice se presenta como un profeta del presente con una advertencia: “Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla… En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones…” (JMP 2026).
Conociendo la degradación del pensamiento humando, el Papa afirma: “No es casual que el repetido llamamiento a incrementar el gasto militar sea presentado por muchos gobernantes con la justficación del peligro respecto a los otros. La fuerza disuasiva del poder… encarna la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”.
En el año 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2,718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial (Cf. SIPRI Yearbook: Armaments, Disarmament and International Security. 2025).
Por otra parte, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia abunda sobre el tema: “Resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado (Juan XXIII, Pacem in Terris, 291)… y no representa jamás un medio idóneo para resolver los problemas que surgen entre las Naciones: no lo ha sido nunca y no lo será jamás (Juan Pablo II, 17 de enero de 1991)…,
Cuando estalla la guerra, se amenaza el presente y pone en peligro el futuro de la humanidad” (n. 497). Los Obispos del Concilio Vaticano II pidieron a los jefes de Estado que consideren inceswantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad” (Gaudiun et Spes, 80).
Los que hacen la guerra es que nunca han tenido paz, porque “estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás” (Fr. Luis de León).
