Inicio OpiniónNuestra VozConfianza de un hijo a su padre Dios

Confianza de un hijo a su padre Dios

por Quetzali Hernández
0 comentarios

Un tema muy importante en la vida cristiana es la oración, como una experiencia de encuentro y de diálogo con Dios por amor, un encuentro amoroso con nuestro Padre.

La Sagrada Escritura no define lo que es orar, pero sí nos invita a hacer esta experiencia en nuestra vida personal y comunitaria, porque hacer oración es parte de nuestro ser y quehacer como discípulos de Cristo; que dialoguemos amorosamente con Dios.

Por ejemplo, Abraham le tiene mucha confianza a Dios cuando le pide que no castigue a Sodoma y Gomorra. Le ‘regatea’ al Señor para alcanzar de Él la misericordia para esas ciudades, porque la oración es una experiencia de confanza con Dios.

El Señor le decía a Dios: papá (abbá), para indicar la pertenencia, el cariño, la dependencia del hijo con su padre.
Luego, vienen todas las peticiones que conocemos y que a diario proclamamos en el Padre Nuestro, y que Jesús nos la dejó, no para que las repitamos sin darnos cuenta de lo que decimos, sino para que las meditemos, para que las saboreemos, para que las hagamos parte de la vida en cualquier circunstancia y situación.

Con todo derecho podemos dirigirnos a Dios como nuestro padre, pero reconociéndonos pequeños, necesitados, poniéndonos en las manos de un Padre que es misericordioso y que está dispuesto a atender las necesidades de sus hijos.
La oración es un diálogo amoroso con Dios. Lo vivieron los santos, como Santa Teresa, que decía que por la oración glorificamos al Señor, le suplicamos favores en nuestras necesidades, le damos gracias por tantas cosas que reconocemos tomadas de sus manos, le pedimos perdón, sabiendo que no nos comportamos como hijos de tan buen Padre. Le pedimos su perdón con humildad y con la confianza de que Él nos perdonará y nos seguirá amando con el mismo amor con el que nos dio la vida, y con el que nos hizo sus hijos en el Bautismo.

Podemos dirigirnos a Dios como nuestro Padre, precisamente porque recibimos el Bautismo, porque en este Sacramento morimos con Cristo al pecado, pero también resucitamos con Él a la vida nueva de hijos de Dios. Por eso tenemos ese derecho y esa confianza de dirigirnos a Él como nuestro Padre.

Nos dice que, si nuestra oración es confiada y perseverante, siempre llegará al Creador, y siempre, de alguna manera, tendrá alguna respuesta.
A veces nos desanimamos cuando oramos porque lo que le pedimos a Dios es nuestro interés, nuestra urgencia, nuestra necesidad, pero Él sabe si lo que le pedimos nos conviene, y eso nos da como respuesta, justo lo que necesitamos para vivir con la libertad y dignidad de ser sus hijos y alcanzar el camino de la salvación.

También te puede interesar