Athziri Anahí Martínez Calderón

“¡Juegas como niña!”, “Las niñas no deben ensuciarse”, “Esto no es para las niñas.” Desde siempre, ser mujer ha estado marcado por estas frases que evidencian la desigualdad e inequidad, legitimando la participación de los hombres en todos los aspectos sociales, religiosos, políticos, económicos y hasta culturales y deportivos, mientras que a las mujeres solo se les adjudicaba el cuidado del hogar y de los hijos.
Estas ideas han sido reforzadas hasta la actualidad a través de la publicidad, programas de televisión, cine, entre otros medios, ocasionando que se subestimen las capacidades y aptitudes de las mujeres para desenvolverse en diferentes escenarios fuera del ámbito familiar.
El interés de las mujeres por desempeñar actividades consideradas solo para el género masculino no es nuevo. Un buen ejemplo es el fútbol, ya que en 1894 una mujer que usaba el pseudónimo Nettie Honeyball, con el apoyo de una escritora y activista, publicó un anuncio para formar un equipo femenino, el British Ladies FC, transgrediendo todas las normas sociales de la época, no solo por el deporte, sino por usar uniformes “masculinos”. Si bien los espectadores y la sociedad lo tomaban a broma, era un foco de acoso y agresión dentro y fuera de la cancha, dejando al deporte femenino carente de sentido si no era físicamente ligero. Y, por supuesto, se descartaba la idea de un esquema de competencia real, con equipos de verdad, rompiendo todas las reglas de vestuario y comportamiento.

En los últimos años y como consecuencia de la lucha por la equidad entre hombres y mujeres, el fútbol femenil ha tomado fuerza en los medios de comunicación con los Mundiales de Fútbol Femenino y el reconocimiento oficial por parte de clubes del balompié, para equipos conformados por mujeres, algo que (al menos en mis recuerdos como niña en los años 90) no existía. Incluso hoy vemos a mujeres arbitrando partidos, tanto femeninos como masculinos. Sin embargo, aún existen desigualdades de género a pesar de las luchas y los avances que estas han logrado.
UNA ARBITRO PROFESIONAL
Ariadna Pelayo, portera en el equipo de alto rendimiento en la UdeG y estudiante del curso para árbitra profesional, comparte cómo ha sido su incursión en este deporte. En un inicio, al expresar su interés, sus padres intentaron que ingresara a practicar el fútbol, pero no había muchas opciones para ella, ya que la mayoría de los equipos eran de hombres. Si había otras compañeras, eran muy pocas y no se lograba completar el equipo, por lo que los equipos eran mixtos. “El trato de los niños hacia las niñas dependía mucho de si era buena o no. Si destacabas, te veían igual que a ellos, y si no, eras ignorada. Yo me sentía mal si nos goleaban porque yo era la portera y veía sus caras de frustración y enojo, porque si fuera hombre, el trato sería más empático”, compartió.
Ari señaló que lo más difícil de ser mujer en el fútbol es enfrentarse a los comentarios negativos y a las críticas, pues constantemente hay comentarios como: “no eres fuerte”, “no eres ágil”, “no puedes hacerlo”; la constante minimización y subestimación de las capacidades de la mujer para desenvolverse en el fútbol, además de algunos de los estigmas que se tienen, pues existe el señalamiento hacia su feminidad e incluso sus preferencias sexuales. Todo esto, sin importar los avances y desarrollos que se han logrado desde la creación de la Liga MX Femenil a finales de 2016.
“No dejen el fútbol, porque al final es su sueño. Si de verdad se esfuerzan, las cosas se darán solas. No negocien el esfuerzo, las ganas y la exigencia por decir: ‘no quieren que sea futbolista’ o no les agrada cómo juego’”, finalizó Ari.

