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Corazón dócil, noble y tierno

por Michelle Fletes Rubio
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Laura Castro Golarte

Desde la entrega, pasada empezamos una serie en la que nos encaminamos hacia los últimos momentos en la vida de fray Antonio Alcalde y Barriga, siervo de Dios.
Es ocasión para repasar aspectos de su personalidad analizados por cercanos, por contemporáneos y por sus biógrafos desde muchos años, particularmente, me ha llamado la atención y, en general, la biografía que escribió Luis Pérez Verdía, multicitada por todos los que han escrito sobre el Fraile de la calavera: “Notábanse ya en él aquellos rasgos de carácter que hacen presumir a los grandes hombres un corazón dócil para recibir las impresiones de la verdad, noble para elevarse muy por encima de las pasiones y de los intereses, tierno para asistir a los desgraciados y firme para resistir la iniquidad; un espíritu pronto en concebir los más elevados conceptos de la metafísica, ávido de conocimientos y capaz de adquirirlos; cierta facilidad de expresión que le permitía lucir su aprovechamiento, y un decidido amor por la investigación de la verdad”.
Esta cita, de manera muy especial, nos revela aspectos de la personalidad de fray Antonio Alcalde que, en general, han sido escasamente abordados. Nos hemos referido a sus dotes como administrador, a su fortaleza de carácter, a su valentía para enfrentarse al rey para hacer valer sus opiniones, su visión para emprender determinadas obras, pero no a cualidades tan específicas y bien descritas por Pérez Verdía como las que se enlistan en la referencia anterior: corazón dócil, nobleza, ternura y firmeza. Pensar en estas cualidades y su labor como pastor de la Diócesis tapatía nos lleva a concluir y a tener la certeza de por qué fue y es tan querido; de por qué trascendió en el tiempo, no solo por sus obras, sino por su carácter, su personalidad, su presencia.
El mismo historiador Pérez Verdía reprodujo las consideraciones que Francisco Antonio de Lorenzana, Arzobispo de la Ciudad de México y contemporáneo de Alcalde, escribió sobre el dominico: “Hombre de sentimientos, el profesor de San Pablo (se refiere al convento de San Pablo en Valladolid, perteneciente a la Orden de Predicadores) era amante del culto de Dios y de la naturaleza, porque sentía toda su excelsitud; dominaba en su pecho el afecto a todo lo grande, a todo lo bello, a todo lo bueno; por eso sentía amor a la religión, amor a sus padres, amor a sus amigos, amor a su patria y a la humanidad entera; y como todo sentimiento es dolor, él sufría con los padecimientos ajenos, sufría con los errores de otros y gustaba, por tanto, de prodigar consuelo. Estaba predestinado desde su juventud para curar enfermos como San Juan de Dios, o para recoger niños abandonados, como San Vicente de Paul”.
Este amor que reitera Lorenzana y que atribuye al fraile nacido en la Villa de Cigales, fue demostrado también a las mujeres desvalidas como hemos visto en esta columna. Hay una anécdota, convertida en leyenda o milagro, que se identifica como un claro ejemplo de la preocupación de Alcalde por ayudar a niñas, jóvenes doncellas, mujeres solas y viudas. Es la historia del escorpión.
Aquella mujer que llegó desesperada a pedir al Obispo su ayuda para sacar a su esposo de la cárcel. Alcalde se sintió apesadumbrado porque no tenía dinero, los 25 pesos que necesitaba la mujer para entregar al juez, cuando de pronto apareció un alacrán que subía por el muro. En cuanto el Prelado lo vio, se alegró y le dijo a la mujer que habían salido de la dificultad. Acto seguido, tomó el alacrán, lo encerró en un estuche y le indicó, al entregárselo, que fuera a empeñarlo por 25 pesos. Cuando la señora llegó al Monte de Piedad y abrieron el estuche, apareció un escorpión de oro con esmaltes y piedras preciosas.
Cabe precisar que esta anécdota, tan bien reconstruida por Carlos Ramírez Esparza, se atribuye a otro Obispo de Guadalajara. El testimonio se ha transmitido de manera oral de generación en generación y, o la memoria falla o las circunstancias y las predilecciones hacen su trabajo.
La historia, en todo caso, es extraordinaria y propia, eso sí, de una persona con el corazón noble, tierno y firme.

Periodista e historiadora, docente de
Historia de México en el ITESO.

Correo electrónico:
lauracastro05@gmail.com

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