PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
Para tener una mayor amplitud de lo que significa la corrupción, se debe considerar su composición semántica, y su origen etimológico. Se trata de una palabra compuesta por el prefijo “con”, que da la idea de simultaneidad; el verbo latino “rumpere”, que se traduce como romper, quebrar, hacer pedazos, etc.; y el sufijo “ción” que hace sustantivo al verbo como efecto de la acción. El verbo latino “corrumpere” se traduce al español como destruir, aniquilar, falsificar, echar a perder, sobornar, debilitar.
En el 64 a.C. Cicerón denunció la corrupción del Senado Romano, especialmente en su discurso “De Toga Candida”, contra el abuso de los aristócratas romanos que, con sobornos, nepotismo y extorciones, buscaban quedarse con las magistraturas, aunque formalmente respetaban las normas establecidas. Para Cicerón la corrupción es la amenaza más grave para la estabilidad social y el desarrollo económico de Roma, puesto que el honesto ejercicio del poder genera la confianza de los ciudadanos en las autoridades, la paz y prosperidad general. Por otra parte, una sociedad que no se cimienta en la ley y la justicia, como virtud social fundamental, corre el riesgo de cometer las peores atrocidades. Para superar la corrupción, Cicerón propone dos cosas fundamentales: en primer lugar, una ciudadanía formada y educada en los valores sociales, las leyes justas, la ética y el civismo; en segundo, un gobierno transparente capaz de rendir cuentas, de todos los ámbitos de su competencia, especialmente en la economía y la política. Sin duda, la obra y la vida de Cicerón marcan un hito en la lucha contra la corrupción, que no es privativa de un país, de un nivel social, de una tendencia política o ideología. El análisis de Peña Nieto de que los mexicanos somos corruptos por cultura, no tiene un fundamento sólido, pues no es el mexicano, sino el ser humano, todos los seres humanos, los que somos proclives a la corrupción.
México es un país que sufre este cáncer social desde hace muchos años; no se sabe si desde siempre. Desgraciadamente, la narrativa oficial actual es la de culpar a un partido político, el PRI, y a una corriente contraria a la que dirige la nación, como causante de la corrupción. Desde esta perspectiva maniquea, se dice que los otros son los corruptos, ellos no. Pero la realidad nos está diciendo otra cosa en la cloaca destapada por el huachicol fiscal, que, según se dice, es el acto de corrupción más grande de la historia moderna de México; eso sin mencionar y tener en cuenta lo del desfalco de Selgamex, los negocios del clan de los hijos del expresidente, los pactos con el crimen organizado, etc.
Es deseable que, frente a esto, el gobierno sea transparente más que nunca, si quiere conservar su credibilidad; pero hay algo de sospecha sobre esto porque, so pretexto precisamente de combatir la corrupción, se eliminaron todas las instancias del Estado para garantizar la transparencia y, con cinismo, se defiende, a capa y espada, a sus correligionarios corruptos
