Una persona se suicida cada 43 segundos, y es más probable que sea un hombre, según una evaluación global del riesgo de suicidio publicada por Health Day News, dada a conocer por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (Universidad de Washington, del pasado 19 de febrero).
Los hombres mueren por suicidio dos veces más que las mujeres. Cada año ocurren alrededor de 746 mil muertes por esta causa en todo el mundo. Aunque la prevención del suicidio parece estar funcionando a escala mundial, las tasas siguen aumentando en ciertas partes del mundo, como América Latina Central (39%), incrementándose el 123% entre las mujeres mexicanas.
En nuestro país, de acuerdo con datos del INEGI, la tasa de suicidios ascendió a 6.8 por cada 100 mil habitantes en 2023, lo que representa un incremento a la cifra registrada en 2013, que fue de 4.9.
De éstas miles de desgracias, lamentablemente no sabemos sus nombres, son tantos, que los dejamos (no debería ser así) en la indiferencia. Lo que sí sabemos es el inmenso luto, dolor y desolación que provoca en las innumerables familias que son lastimadas irremediablemente, cuando experimentan un suceso de tal magnitud, porque un ser amado partió de esta manera.
Pero hay personajes que, por su condición de vida, llaman la atención y son expuestos a la luz pública, incluso internacional, con todo y nombre, como es el caso del Padre Matteo Balzano, encontrado sin vida en su casa, y cuya noticia ha dado la vuelta al mundo. No podíamos ni debíamos dejar pasar este hecho, no como motivo de escándalo, ¡no!, sino porque nos duele a todos los feligreses, no solo de su país, sino de todas partes, porque compartimos la misma fe y, por el Bautismo, somos hermanos e hijos del mismo Padre, es decir, es alguien de nuestra misma familia.
Lo mencionamos con la intención de pedir a Dios por él, su familia y la comunidad que atendía, de que pongamos los medios para que esto no vuelva a suceder y de llamar la atención sobre la salud, en general, de todo presbítero. En la Arquidiócesis de Guadalajara, una de las cinco prioridades en el trabajo pastoral es, precisamente, la atención a Sacerdotes en crisis, que no solo puede ser emocional, sino de cualquier aspecto.
El lamentable acontecimiento del deceso del Padre Matteo nos debe hacer voltear los ojos a nuestros Sacerdotes, para acompañarlos, que ninguno se sienta solo. Afortunadamente, en esta región del Occidente del país, los feligreses ordinariamente están al pendiente de sus clérigos, y en nuestra Diócesis tapatía contamos con una casa de atención a Padres con alguna situación interior complicada que se les pudiera presentar. Somos afortunados en este sentido, pero a todos nos puede pasar.
Debemos aprovechar las herramientas tan cercanas que tenemos para que no se tenga que llegar a una situación límite, además de buscar a un compañero que habla el mismo lenguaje, incluso cuando éste tenga que ser fuerte y de prevención.
Solo la sabiduría, el amor y la misericordia de Dios pueden juzgar un acto así, nadie más se debe atrever a hacer algún juicio de alguien, Sacerdote o no, que llega a tomar esta decisión.
