
RESURRECCIÓN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
La pandemia de COVID‑19 evidenció una realidad que había permanecido oculta durante décadas: la centralidad de los cuidados para la vida social. Lo que antes se consideraba un asunto privado, y por ello invisibilizado, empezó a nombrarse públicamente, incluso en el ámbito de las políticas públicas, bajo la forma de sistemas de cuidados. Esta invisibilidad no era casual: los cuidados han recaído históricamente en las mujeres, sin reconocimiento social ni remuneración equivalente.
La especie humana no sobrevive sin el cuidado de otras personas. En muchos países de altos ingresos resulta evidente que gran parte de estas labores, cuidar a niñas y niños, atender a personas enfermas, acompañar a personas mayores, es sostenida por mujeres, en muchos casos inmigrantes. Se trata de trabajos esenciales para la vida, pero que siguen sin valorarse en el ámbito público y en la economía formal.
En sociedades donde las políticas públicas no garantizan condiciones dignas para la crianza, la atención a la enfermedad o el acompañamiento en la vejez, se configura lo que podría llamarse sistemas del descuido. Quienes cuidan a los cuerpos pequeños, enfermos o frágiles están atendiendo precisamente aquello que la lógica económica suele desechar. Esta situación se relaciona con lo que el Papa Francisco denomina en Laudato Si’ la “cultura del descarte”, articulada con una serie de desafíos globales que enfrentamos hoy:
“La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.” (Francisco, 2015).
¿POR QUÉ LOS CUIDADOS SE VUELVEN TAN DIFÍCILES DE SOSTENER?
Primero, porque al no considerarse parte del sistema productivo, los saberes para cuidar no se sistematizan ni se transmiten de forma estructurada. Los gobiernos rara vez invierten en formar a madres, padres y familias en crianza, ni en crear condiciones adecuadas para acompañar a personas mayores o enfermas. Así, quienes cuidan lo hacen mayoritariamente en soledad, aprendiendo sobre la marcha y sin apoyo institucional.
Segundo, los cuidados pueden convertirse en una carga cuando quienes los realizan no cuentan con una red que también les cuide. Esto se agrava por la falta de remuneración justa y la escasa valoración social. Las cifras lo muestran con claridad. Según el Informe estadístico sobre el impacto de las responsabilidades de cuidado en la participación de las mujeres en la fuerza laboral de la Organización Internacional del Trabajo:
“En 2023, 748 millones de personas (de 15 años o más) no participaban en la fuerza laboral global debido a responsabilidades de cuidado, lo que representa un tercio de todas las personas en edad de trabajar fuera de la fuerza laboral. De estas, 708 millones eran mujeres y 40 millones eran hombres.” (OIT, 2024).
La sobrecarga también afecta a niñas y adolescentes. Estudios de ONU Mujeres y UNICEF (2025) muestran cómo las tareas de cuidado no remuneradas repercuten negativamente en sus trayectorias “educativas, de bienestar emocional y para la autonomía” en América Latina y el Caribe.
Transitar hacia una cultura del cuidado conlleva retos en el ámbito económico pero también cultural. Los cuidados han de sostenerse por medio de sistemas públicos articulados que garanticen que al interior de las redes de apoyo, tanto hombres como mujeres adultos y adultas puedan colaborar para sostener la vida mientras son sostenidos y sostenidas por la red social.
Francisco, Santo Padre (2015, 24 de mayo). Carta encíclica Laudato SI del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común. Santa Sede del Vaticano. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
Organización Internacional del Trabajo (2024, 29 de octubre). 708 millones de mujeres no pueden participar en el mercado laboral debido al trabajo de cuidados no remunerado. https://www.ilo.org/es/resource/news/708-millones-de-mujeres-no-pueden-participar-en-el-mercado-laboral-debido
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y ONU Mujeres (julio de 2025). Niñas adolescentes: trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en América Latina y el Caribe. Evidencia y un marco para la acción. https://www.unicef.org/lac/media/52381/file/ninas-adolescentes-cuidado-trabajo-domestico-no-remunerado-unicef-onu-mujeres.pdf
