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Cultura política y partidos en México

por Quetzali Hernández
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Laura Castro Golarte

General Lázaro Cárdenas

Diversas circunstancias impidieron que Álvaro Obregón, en la Presidencia de la República, fundara ese gran partido de la Revolución que pretendía. La violencia persistía, incluso el pacificador Adolfo de la Huerta encabezó un levantamiento. Ahora sí que las condiciones no estaban dadas, sin embargo, ni Obregón ni Plutarco Elías Calles lo perdieron de vista porque, además, la fundación de partidos locales y regionales cundía en todo el país.

Los partidos, y no las asonadas o las rebeliones, se empezaban a vislumbrar como el camino pacífico y estructurado de acceso al poder desde las bases sociales, las organizaciones campesinas, las obreras y las populares. Tres sectores que, al cabo del tiempo, se convirtieron en la garantía de que el sistema político mexicano, con su sui generis sistema de partidos, se mantendría y por muchos, muchos años.

El historiador y experto en el México del siglo XX, Lorenzo Meyer, llama la atención justo sobre esto: el hecho de que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos haya resultado de una revolución fundamentalmente social, fue la noticia para los obreros y campesinos que habían participado en esa guerra, del poder que tenían; y de que era posible llegar a posiciones de gobierno y de poder sin ostentar armas o poderío militar.

Las cosas estaban cambiando y la tendencia era a la pacificación, sí, pero también hacia la institucionalización de la vida pública y el ascenso de los gobiernos civiles sobre los militares que prevalecieron durante buena parte del siglo XIX y en buena parte de lo que iba del XX.

Álvaro Obregón no pudo, pero sí Plutarco Elías Calles, quien fundó en 1929 el Partido Nacional Revolucionario, el famoso PNR. Los burócratas fueron una parte fundamental no sólo por la obligación de pertenecer, sino por la obligación de mantener al partido y fue creciendo. En estos años acababa de pasar, apenas, la dolorosa y violenta guerra cristera.

El primer candidato presidencial del PNR fue nada menos y nada más que el general Lázaro Cárdenas y ganó las elecciones. Claro que no sobra recordar que fue el mismo Calles quien estrenó la práctica del dedazo y decidió que el michoacano fuera el candidato.

Ya sentado en la silla presidencial (1936-1940), Cárdenas se deshizo de quien encabezó el corto periodo conocido como Maximato y a la mitad de su mandato más o menos, propició cambios en el partido que lo había llevado a la más alta posición de poder en México. No sólo el nombre. Aquí fue cuando los sectores ya citados ascendieron para ocupar un lugar preponderante en la movilidad política nacional y sus líderes empezaron a acumular poder y riquezas. Las masas de trabajadores y campesinos se fueron convirtiendo en carne de urna. Ya era el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) fundado por Lázaro Cárdenas en 1938, justo el año de la expropiación petrolera. También hay que traer a la memoria que el Gral. Cárdenas del Río fue el que inauguró los sexenios (los periodos presidenciales anteriores eran de cuatro años).

En 1939, y en gran medida por las decisiones tomadas en la administración cardenista, se fundó el Partido Acción Nacional, considerado el más antiguo hoy en día porque el PRI como tal todavía no aparecía, eso sucedió hasta 1946 por decisión de Manuel Ávila Camacho y el nacimiento del Partido Revolucionario Institucional, como se sigue llamando hoy en día.

Hacia la mitad del siglo XX se empezó a configurar un sistema de partidos que se mantuvo a lo largo de décadas y, a la par que el sistema, se fue alimentando y creciendo una cultura política estrechamente vinculada a la sociedad mexicana en términos generales.

Pronto se tuvo conciencia de que no había manera de ganarle al PRI, que triunfaba de todos modos; por generaciones nos acostumbramos al fraude y a sus diversas formas; al autoritarismo de sucesivos gobiernos, a la persecución, represión y desaparición de los rebeldes e inconformes mientras la corrupción y las injusticias se acumulaban y se hacían insostenibles más pobreza, más desigualdad.

De la mano con ideologías y tendencias mundiales se fundaron partidos de izquierda y otros de derecha, pero las leyes eran un dique que no permitía el crecimiento de otras expresiones políticas, ni las leyes ni el modus operandi del partido en el poder, hegemónico muy pronto después de su fundación en el 46. Para 1968 su poder era inconmensurable, imbatible, incuestionable so pena de sufrir represión y censura. Continuará…

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