
Alfredo Arnold
La conquista del espacio se ha reanudado con la expedición del Artemis II, tripulado por los astronautas Wiseman, Glover, Hansen y Christina Koch. Pasaron sobre el “lado oscuro” de la Luna, aunque ninguno de ellos alunizó; volaron sobre la superficie lunar y regresaron a la Tierra con un cúmulo de información que, seguramente, servirá para futuros viajes de esta nueva era espacial que parece se ha puesto en marcha.
Mis bisnietos –herederos en tercera generación de la Inteligencia Artificial—no entenderían el revuelo que se armó con el primer viaje de un hombre al espacio, hazaña lograda por el soviético Yuri Gagarin el 12 de abril de 1961 (hoy se cumplen exactamente 65 años).
El siguiente viajero espacial fue el norteamericano Alan Shepard, y en 1963 la soviética Valentina Tereshkova, que aún vive y cumplirá 90 años de edad, fue la primera mujer en visitar el espacio. En aquellos años la carrera espacial estaba en su apogeo. Las dos superpotencias, Estados Unidos y la URSS, querían ser los primeros en llegar a la Luna. El presidente Kennedy lanzó el reto y se comprometió públicamente a ganarlo. Lamentablemente, fue asesinado antes haber cumplido su promesa.
La carrera espacial era el principal tema de conversación en aquellos días. Recuerdo una gran transmisión en TV (aún en blanco y negro) de Jacobo Zabludowski y Miguel Alemán Velasco, antes de que naciera el noticiero 24 Horas, desde el Centro Espacial en la Florida.
El 20 de julio de 1969 el hombre pisó por primera vez la Luna. Neil Armstrong y Buzz Aldrin fueron los pioneros; Michael Collins era el piloto de la cápsula espacial Apolo 11. “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”, dijo Armstrong al bajar de la escalerilla de la cápsula espacial. La transmisión por TV era deficiente, pero emocionante, y durante muchos días aquel hecho fue el gran tema de conversación.
Entre 1969 y 1972 se realizaron seis alunizajes y nueve misiones Apolo tripuladas. Doce seres humanos caminaron por el suelo lunar.
Aunque todo parecía ir viento en popa, los viajes espaciales se suspendieron. En su lugar nació en 1988 la Estación Espacial Internacional, integrada por Estados Unidos, Rusia, Japón, Europa y Canadá. La estación ha sido visitada por unas 250 personas de casi veinte países. Siempre está habitada y tiene vigencia hasta el 2028.
La carrera espacial floreció durante la guerra fría. Después, la actividad ha disminuido notoriamente, hasta hoy que parece tomar nuevo impulso, si bien algunos países asiáticos han realizado viajes siderales interesantes.
El cine aprovechó la fiebre espacial con la película “2001: Odisea del espacio”, “Barbarella” o “El planeta de los simios”. En aquellos años todavía se producían películas espectaculares y el público llenaba las grandes salas cinematográficas de Guadalajara.
Inesperadamente, la carrera espacial perdió impulso. La NASA fue reducida mientras que la URSS se desintegraba en 1991, aunque ya desde algunos años antes Mijail Gorbachov había cambiado el rumbo de la súper potencia que rivalizaba con Estados Unidos.
El mundo científico dio un giro inesperado. La tecnología de la comunicación sustituyó a la carrera espacial. El desarrollo de los teléfonos celulares se convirtió en una prioridad en casi todo el mundo.
Hoy, ya no tenemos guerra fría, pero los conflictos internacionales siguen cobrando miles de vidas. La guerra es más rápida pero más mortal; algunas enfermedades “modernas” han diezmado la población mundial. Sin embargo, los males conviven con la paz, los deportes continúan como si nada, la tecnología, la riqueza y la pobreza alcanzan cifras históricas. Vivimos en otro mundo, muy distinto al que nos asombró con la proeza del Apolo 11.
A 65 años de la hazaña de Yuri Gagarin, a más de medio siglo del descenso de Armstrong del módulo lunar “Eagle”, reanudamos hoy la carrera espacial.
*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de larga experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

