
Desde el Corazón
Lupita:
Mi esposo y yo somos instructores Billings. Nos sentimos tristes porque en menos de un mes nos enteramos de 4 divorcios. Parejas hermosas y jóvenes, todas entre 7 y 15 años de casados. Cada vez es más evidente que el matrimonio va en decadencia.
Laura y Diego H.
Hermanos míos, Laura y Diego:
Que la esperanza y la fe no decaigan. Los cristianos tenemos la convicción de elegir en todo, la voluntad de Dios. Él, sin duda, anhela que cada niño que nazca lo haga en un hogar donde papá y mamá se aman y le aman. Su plan llano y claro es: uno con una para siempre.
Sabemos que estos tiempos favorecen las rupturas, las discusiones y revanchas, pero el hecho de que sea común
no puede llevarnos a la normalización de aquello que no está edificando sino destruyendo a la familia.
Hemos de comprender y acompañar a quienes, habiendo puesto todo de su parte, no pudieron salvar su matrimonio, pero es mucho más importante aún, prevenir las rupturas intensificando la formación humana integral. ¡Hemos sido creados para amar! Es por eso que nos comprometemos. Los seres humanos sí podemos comprometernos. No hemos de ser veletas de sentimientos.
Desde luego, no es voluntad de Dios que una pareja permanezca unida para siempre en la injusticia, en el maltrato. ¡No! Pero si se trata de enfrentar las dificultades con la actitud adecuada y corregir los propios errores, sustituyendo vicios por virtudes.
El mundo dice con facilidad: si no te sientes a gusto, qué haces ahí. Dios dice con verdad: si no te sientes a gusto, lucha por vivir las virtudes necesaria para que la relación se fortalezca en el amor.
Cuál es el problema: ¿infidelidad?, haz lo necesario para ser fiel. ¿Mal carácter? Acepta que necesitas ayuda para practicar dominio propio. ¿Malas finanzas? Aprende y practica buena administración. ¿Falta de comunicación? Comunica sin ofender. ¿Adicciones? Déjate ayudar y termina ya con ellas. ¿Mal manejo emocional? Busca ayuda especializada, la psicoeducación adecuada, el grupo de apoyo, el medicamento necesario.
Dios saca bienes de males. Ante la crisis, lo que nos corresponde es preguntarnos: “¿De qué forma he contribuido a llegar a este punto?, pediré ayuda para superar mi debilidad porque mi matrimonio y mi familia valen más y me necesitan”. No es reclamando cambios en el otro como superaremos crisis, es comprendiendo y perdonando como Dios podrá darnos la gracia de convertir las espinas en rosas.
Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

