Laura Castro Golarte

Sólo él. Por eso, el Padre Tomás de Híjar Ornelas tituló su conferencia “Con humos de estadista”. El Capellán de Santa Teresa que, además, es abogado por la Universidad de Guadalajara, expuso en la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara ante los integrantes del Capítulo Occidente del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, fundado en 1760, un tema en el que destacó la determinación y visión de Fray Antonio Alcalde y Barriga para superar los obstáculos impuestos por la burocracia real y virreinal.
De hecho, el título completo es el siguiente: “Con humos de estadista. Fray Antonio Alcalde y su método para transgredir la ley a favor de la educación y la salud pública en la Diócesis de Guadalajara”
Debo agregar, además de educación y salud, atención espiritual si pensamos en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe cuya obra emprendió y terminó bajo la misma lógica.
Continuamos con la serie que presenta noticias del Fraile de la Calavera después de su fallecimiento y no la vamos a romper del todo, porque siguen siendo noticias, nada más que muy recientes; en la próxima entrega volveremos al siglo XIX, tan abundante en información.
Fue el 21 de agosto pasado cuando el Padre Tomás de Híjar dictó esta conferencia y se refirió a tres situaciones que el hoy siervo de Dios aprovechó como ventajas para llevar adelante sus dos obras principales, las que son un legado vivo para las actuales generaciones y las venideras: la Real Universidad de Guadalajara y el Hospital de San Miguel de Belén.
Las tres situaciones que le permitieron iniciar las obras, incluso antes de recibir la autorización real, fueron las siguientes:
1.- Su avanzada edad. Fue longevo para su época y para la nuestra, como dijo el Padre De Híjar. Entonces, con este argumento, aceleró la gestión y ejecución de las obras.
2.- El tortuguismo burocrático “de ayer, de hoy y de mañana”, dijo el conferencista –y concuerdo– que retrasaba por tiempo indefinido el inicio de las obras, las que fueran. Lo que se solicitaba desde la Nueva España debía pasar por el Consejo de Indias y por otras autoridades dependiendo de las correspondencias, y después de que se aprobaba, llegaba la información al rey para que este dijera la última palabra. Hubo solicitudes que trascendieron décadas, que tuvieron que esperar a un rey y a otro y a otro, para que fueran aprobadas. Es el caso de la universidad que relató el Padre ante los abogados y comerciantes hace casi un mes: fue el Obispo Felipe Galindo y Chávez, dominico también, el que pidió por primera vez la fundación de una universidad en la capital de la Nueva Galicia en 1701, justo el año en el que nació Alcalde y Barriga.
3.- El cuidado de Alcalde (más que situación, visión y determinación) de emprender o asegurar obras que garantizaran la manutención de las otras. Sobre el primer punto, Alcalde adujo su edad para justificar obras, particularmente el Santuario de Guadalupe; en pocas palabras y es una paráfrasis: “si no lo hago yo me voy a morir y va a quedar inconclusa”. Sobre el segundo, había que transgredir tiempos y formas para que las cosas caminaran con base en el primer argumento, el de la edad. Con respecto a la universidad, nada pasó a lo largo de más de 70 años hasta que el vigésimo segundo Obispo de Guadalajara, Antonio Alcalde, nuevamente solicitó la apertura de una universidad, especialmente urgente después de la expulsión de los jesuitas que se encargaban de la educación superior en la ciudad, en el Colegio de Santo Tomás.
El rey Carlos III pidió un informe con los argumentos pertinentes para otorgar el permiso real, en el que el Fraile de la Calavera tuvo el cuidado de agregar que de la cuarta episcopal aportaría los caudales necesarios, alrededor de 40 mil pesos. Este dinero fue el que hizo la diferencia y el monarca dijo que sí. La Real Cédula se emitió en 1791 de manera que Alcalde sí tuvo noticia del éxito de sus gestiones para que se impartieran las cátedras de Medicina, Jurisprudencia y Teología.
Y aquí encaja el tercer punto, el de las obras asociadas para asegurar la permanencia de la universidad y del hospital, sobre todo. Para la universidad dejó dinero después de su fallecimiento entre otras previsiones; y para el Hospital de San Miguel de Belén, construido donde esta ahora (el Antiguo Civil) en un terreno de seis hectáreas, ya había discurrido la obtención de recursos de las mil 500 viviendas en 16 manzanas y 158 vecindades, las famosas cuadritas. Por eso hizo tanto en tan poco tiempo y con una duración que nos alcanza.
