Inicio ActualidadesDesarmar a la IA y no sustituir la humanidad: “Magnifica Humanitas”

Desarmar a la IA y no sustituir la humanidad: “Magnifica Humanitas”

por Gabriela Ceja Ramirez
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RAMIRO ESCOTO RATKOVICH

A un año de su pontificado, el Papa León XIV presentó su primera Encíclica, no es menor, pues de ahí justo proviene el hecho de su nombre al paso de León XIII en la revolución industrial a su actualidad: la inteligencia artificial y los retos tecnológicos que lleven a una humanidad por los caminos del crecimiento social y de paz.

«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada el lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. De su predecesor, el Papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona», ni «un mal en sí misma». Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» 

El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «sanear las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención».

Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica, porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos, y el poder con el que debemos contar». Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite», reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.

Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor». Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder. Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín, comienza por cada uno.

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