Inicio Cultura y FormaciónDesde el Corazón: Cuando el dolor estalla. Violencia extrema en adolescentes

Desde el Corazón: Cuando el dolor estalla. Violencia extrema en adolescentes

por Gabriela Ceja Ramirez
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Hermana mía, Rosy:

Duele el joven herido. Duele el joven que agredió. Duelen los padres que hoy se preguntan en qué momento algo se rompió. Duele una sociedad que observa con miedo cómo la violencia irrumpe en edades cada vez más tempranas.

La adolescencia es una etapa de intensa vulnerabilidad emocional. El cerebro aún está en proceso de maduración; la impulsividad puede superar la capacidad de prever consecuencias. Cuando a esto se suma humillación constante, aislamiento, burlas repetidas o agresión sistemática, el interior del adolescente puede llenarse de resentimiento y rabia contenida.

El problema no comienza el día del ataque. Comienza mucho antes, en pequeñas señales que no fueron atendidas:

Un hijo que deja de hablar.

Que ya no quiere ir a la escuela.

Que se encierra más de lo habitual.

Que explota con facilidad.

Que cambia su forma de vestir o de relacionarse.

También comienza en el joven que agrede:

El que disfruta humillar

El que necesita dominar

El que repite patrones violentos aprendidos en casa o en redes sociales.

A ambos hay que mirarlos.

Al agredido hay que decirle: tu dolor es real, pero la violencia no es la salida. Pedir ayuda no es debilidad. Hablar puede salvar vidas, incluida la tuya.

Al agresor hay que decirle: la crueldad nunca es fortaleza. Detrás de quien humilla suele haber también heridas no reconocidas.

Pero es a los padres a quienes nos corresponde la parte más seria.

No podemos delegar la formación emocional a la escuela ni permitir que las pantallas eduquen el corazón. Nuestros hijos necesitan presencia real, escucha atenta, límites claros y afecto constante.

La Palabra de Dios es profundamente actual en este punto. “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt 5,9). Trabajar por la paz en casa implica vigilancia amorosa. Implica enseñar que la dignidad del otro es sagrada. Implica corregir a tiempo. Mostrar que el mal sólo puede ser vencido en abundancia de bien.

Que este dolor nos despierte.

Que no esperemos a que una tragedia toque nuestra puerta para comenzar a mirar el corazón de nuestros hijos.

La paz no se improvisa el día de la crisis.

Se construye cada día en casa.

Lupita Venegas / Psicóloga

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