Querida Lupita:
Nuestras hijas adolescentes están obsesionadas con la tecnología. No se apartan de sus celulares, para toda conversación consultan a la inteligencia artificial, están hablando de que ellas congelarán sus óvulos y escogerán las características de sus hijos. Hablan de que se podrán chips para mejorar la memoria…en fin, nosotros nos sentimos impotentes y no sabemos cómo orientarlas. La tecnología nos está superando.
Mónica y Javier B.

Hermanos míos, Mónica y Javier:
Algunas corrientes contemporáneas, como el transhumanismo y el posthumanismo, proponen que la tecnología podría mejorar o incluso sustituir ciertos aspectos de la naturaleza humana. Frente a estas propuestas, el documento Quo vadis humanitas advierte sobre el riesgo de olvidar la dignidad intrínseca de la persona, reduciendo al ser humano a un conjunto de capacidades técnicas o a un sistema optimizable.
Educar en esta nueva era exige formar hijos capaces de usar la tecnología con libertad interior, criterio moral y una profunda conciencia de su dignidad.
Propongo un decálogo para padres cristianos en el mundo digital:
1. Recordar que cada hijo es un don, no un proyecto de rendimiento. El cristianismo recuerda que cada persona posee una dignidad infinita simplemente por existir.
2. Enseñar que la inteligencia artificial es herramienta, no autoridad. Los sistemas digitales pueden ayudar a investigar o resolver problemas, pero nunca sustituyen la conciencia.
3. Cultivar la interioridad. El silencio, la oración y la reflexión son indispensables para que los hijos aprendan a escucharse a sí mismos y a Dios.
4. Educar el pensamiento crítico. No todo lo que aparece en internet es verdadero ni todo lo técnicamente posible es moralmente bueno.
5. Disfrutar y cuidar la naturaleza.
6. Preservar espacios familiares libres de pantallas. Las conversaciones cara a cara, la mesa compartida y el tiempo en familia son indispensables.
7. Formar en virtudes. Paciencia, fortaleza, templanza y caridad son las que sostienen la vida humana.
8. Estimular amor, compasión y sacrificio.
9. Educar para el servicio. Es la auténtica forma de realizarnos.
10. Recordar que nuestro fin último no es la perfección tecnológica, sino la comunión con Dios.
El Evangelio plantea una pregunta que atraviesa todos los tiempos: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” (Mt. 16, 26).
En medio de la revolución tecnológica, esa sigue siendo la pregunta decisiva.
Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

