Inicio Cultura y FormaciónDESDE EL CORAZÓN: Dios no me llama por mis méritos sino por su amor

DESDE EL CORAZÓN: Dios no me llama por mis méritos sino por su amor

por Gabriela Ceja Ramirez
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Lupita:

Soy solitaria y me cuesta convivir. Fui invitada a hacer la lectura en Misa y me sentí muy mal porque pedí decir “Aleluya” antes del Evangelio y me corrigieron: ahora se dice “Honor y Gloria a ti”. Avergonzada, pensé en no participar más. Pero algo dentro de mí me dice que debo perseverar.

Cynthia G.

Hermana mía, Cynthia:

¡Qué hermoso es participar activamente en la Eucaristía! Y más aún cuando se nos confía el servicio de proclamar la Palabra. Es una gran responsabilidad, por lo que conviene prepararnos y evitar improvisaciones, estamos sirviendo en el banquete más grande al que podemos ser invitados.

En muchas Parroquias existen talleres para lectores y servidores del altar. Te animo a preguntar en la tuya, formarte y crecer en este servicio. Y si no los hay, hoy contamos con buenos recursos y tutoriales que pueden ayudarte a hacerlo cada vez mejor.

Sobre lo que ocurrió, no es que el “Aleluya” haya desaparecido. Durante el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a sustituirlo por la aclamación: “Honor y gloria a ti, Señor Jesús”. Esto responde al carácter penitencial de estos 40 días, que nos llaman a la reflexión, la conversión y una cierta sobriedad espiritual. El “aleluya”, en cambio, es una expresión de júbilo que reservamos especialmente para el tiempo pascual, cuando celebramos la Resurrección.

Ahora bien, hay algo aún más importante: todos nos equivocamos. Y los errores, lejos de ser motivo de retiro, pueden convertirse en una verdadera escuela de crecimiento. Cada tropiezo puede ser un peldaño que nos ayude a subir más alto.

Vivimos en una cultura que nos aísla, que nos empuja al individualismo. Pero tú has escuchado una voz interior que te invita a salir de ti misma… y eso es una gracia enorme. No la ignores.

Hagamos Iglesia. Sirvamos con alegría. Involucrarnos en la vida parroquial nos regala algo muy valioso: comunidad, sentido y vínculos sanos. Son verdaderos talleres de amor donde aprendemos a dar, y al hacerlo, también sanamos.

Como decía san Agustín: “Dios no elige a los capaces, sino que capacita a los que elige.”

Y recuerda siempre:

“Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad” (2 Corintios 12,9).

No dejes que un error te robe tu lugar. Persevera. Dios también se sirve de lo imperfecto… porque ahí, precisamente, puede hacer maravillas.

Lupita Venegas/ Psicóloga

Facebook: lupitavenegasoficial

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