
Querida Lupita:
El caso de la chica española que no quería vivir y pidió la eutanasia me hace dudar. ¡Pobre chica!, ella no quería vivir por tantas cosas dolorosas que pasó. Además, quedó cuadripléjica y sufría mucho. ¿Por qué insistir en negarle la eutanasia?
Susana M.
Hermana mía, Susana:
Comprender y acompañar el sufrimiento humano es un imperativo cristiano. Amar es nuestro llamado universal y con amor podemos hacer triunfar el bien. Dar una muerte “digna” a un ser humano, ¿será en verdad un acto de amor?, ¿no deberíamos optar por darle una vida digna?
Ciertamente nos compromete mucho más optar por acompañarla dándole amistad y cuidados, que otorgándole la eutanasia.
No debemos dar muerte a nadie, porque no aporta a su verdadero bien. Alguno argumentará falsamente que acabar con su dolor es un bien y… es por eso que necesitamos parámetros objetivos para juzgar las situaciones humanas. Los cristianos creemos que Jesucristo es Dios y que habló con nitidez acerca de nuestra vida eterna. Dijo de sí mismo: “yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14, 16). Para nosotros existe La Verdad y a ella nos adherimos para no equivocarnos. No solo somos un cuerpo, somos unidad inseparable de cuerpo y alma. Tenemos destino eterno.
Dios nos pide que apreciemos el primer gran don que nos da: la vida. De su mano tenemos todas las posibilidades para enfrentar incluso lo negativo que se nos presente.
El sufrimiento, unido al de Cristo, puede convertirse en amor fecundo. No se trata de buscar el dolor, sino de transformarlo.

Hay almas que han entendido este misterio, una de ellas es Margarita de Castello. Nació ciega, con una joroba, con enanismo. Sus padres la abandonaron incapaces de aceptar su condición. Su vida podría haber quedado marcada por la amargura y no fue así. Con sentido sobrenatural, ella vivió una vida serena, aceptando la voluntad de Dios. Ofrecía su sufrimiento por los demás, se dedicó a consolar enfermos, presos y pobres. Quienes la conocieron hablaban de su luz interior, irradiaba paz. Para ella, el dolor no era castigo, sino participación en la cruz de Cristo.
Dostoievski nos da una frase llena de verdad: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Sin fundamento divino, la moral objetiva desaparece.
Sin nuestro respeto al Creador, cometeremos errores que nos pasarán una dolorosa factura.
Amar de verdad es comprometerse con el otro, ¡es agradecer y defender la vida!
Lupita Venegas/ Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial
