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DESDE EL CORAZÓN: Perdonar a mamá

por Gabriela Ceja Ramirez
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Querida Lupita:

Falleció mi papá y es muy probable que mi mamá deba venirse a vivir conmigo. Me siento abrumada pues tengo justificado resentimiento hacia ella. No estuvo con nosotras porque trabajaba siempre y cuando estaba nos regañaba con palabras humillantes. ¿Qué puedo hacer para que mis recuerdos no me impidan tratarla al menos con educación?

Irma L.

Hermana mía, Irma:

Para transformar la rabia en compasión y liberarnos de la narrativa de víctima-victimario, será necesario conocer la historia de quien nos ha herido.

¿Conoces la historia de tu mamá?

Hace poco escuché a una madre de familia decir: “trabajé duro para que mis hijas no sufrieran lo que yo sufrí. Mi padre decía que yo no iba a estudiar porque era mujer. Tuve tres hermanos que sí tuvieron el apoyo de él para estudiar sus carreras. A mí no me lo permitió y cuando tuve a mis hijas me prometí que ellas sí tendrían esa oportunidad y que serían mejores que yo. Les exigía mucho y aveces por el cansancio, lo hacía de mala manera. Trabajé mucho y conviví poco con ellas. Hoy me arrepiento y me siento culpable. Pero lo hice pensando que era lo mejor”.

En otra historia, un hombre joven me narraba el momento en que por fin pudo perdonar a su mamá: “ella me dejó y se fue con un novio que la maltrataba. Yo me sentí herido en lo más profundo de mi ser y juré que nunca se lo perdonaría.  Pasó el tiempo y mi madre y yo nos re-encontramos. Le pregunté por qué me dejó y su respuesta me hizo cambiar por completo mis sentimientos… -él me amenazó diciendo que si no me iba con él, te mataría a ti- ”.

En estas y tantas otras historias, podemos ver que la intención del que hiere puede ser muy buena. Se equivocan pero no lo saben. Cristo mismo desde la cruz pidió a Su Padre: “Perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc. 23, 34).

Conoce la historia de tu mamá y encontrarás motivos para comprenderla. Sabemos que comprender es aliviar. Te sentirás libre para amarla. No aspires solamente a tratarla con educación, este será tan sólo el primer peldaño al subir la sublime montaña del perdón.

Escucha desde el corazón la Palabra de Dios:   Sean benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, como Dios también les perdonó a ustedes (Efe. 4, 32).

Lupita Venegas/Psicóloga Facebook: lupitavenegasoficial

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