
Lupita:
Me fui a confesar después de 35 años. Llevaba en el corazón un gran rencor hacia mi papá. Fue liberador entregarle todos mis sentimientos a Dios, pero el Sacerdote me pidió que emprendiera un camino de perdón. Sé que debo hacerlo, pero no puedo. Ayúdame, ¿por dónde puedo empezar?
Juan Pablo G.
Hermano mío, Juan Pablo:
En una ocasión, la hermana de Santo Tomás de Aquino, le preguntó qué debía hacer para ser Santa, y su hermano respondió: ¡quererlo, hermana, quererlo!
El primer paso para perdonar es quererlo, ruega en oración al Espíritu Santo que te dé la gracia de querer perdonar, sabemos que detrás de toda persona que lastima, hay una historia dolorosa.
Aunque no conozcas la de tu padre, podrías hacer lo que hizo Facundo Cabral cuando encontró al suyo. Tenía ya 48 años de edad y un gran dolor por un padre que les abandonó. Su madre heroica lo sacó adelante a él y sus hermanos, sobre el momento del perdón, Facundo Cabral escribió lo siguiente:
“Odié profundamente a mi padre, había dejado sola a mi madre con siete hijos.
Murieron cuatro de hambre y frío; tres sobrevivimos de milagro.
“Tenía 48 años cuando lo vi al terminar un concierto. Sabía que era él, pues se parecía mucho a la fotografía suya que mi madre conservaba.
“En aquel momento, el recuerdo de las palabras de mi madre retumbó en mi cabeza: tú que caminas tanto, algún día te vas a encontrar con tu padre ¡No cometas el error de juzgarlo! Recuerda el mandamiento, honrarás al padre y a la madre.
“Ese hombre que vas a tener enfrente, es el hombre que más amó, más ama y más ha amado tu madre. Lo que corresponde es que le des un abrazo y las gracias porque por él estás gozando las maravillas de Dios en el mundo.
“Por eso cuando vi a mi padre nos acercamos, nos abrazamos y fuimos grandes amigos hasta el final de sus días.
“Aquella vez me liberé, dije: ‘Mi Dios, qué maravilloso es vivir sin odio’. Me costó años perdonar y pude hacerlo en un segundo. Y me sentí tan bien».
Libérate de la carga de los recuerdos dolorosos, entra en intimidad con Dios frente al Santísimo Sacramento y ruégale que limpie tus recuerdos y renueve tu mente y corazón.
Él tiene poder. “He aquí que yo hago todas las cosas nuevas” (Is. 43, 19).
Lupita Venegas / Psicóloga
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