PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO
El servicio pastoral que los Presbíteros prestan en las comunidades parroquiales ha atravesado por una larga historia en lo que mira a los criterios para determinar quién es enviado a tal o cuál Parroquia, por cuánto tiempo, por cuáles razones, etcétera.
Desde que la Iglesia prosperó, se hizo evidente que había destinos cómodos, destinos regulares y los muy exigentes. ¿Cómo distribuirlos? Los criterios habituales han tenido que ver con la edad, la capacidad, la experiencia, las habilidades muy específicas para el trato de situaciones muy concretas. No obstante, y durante varios siglos, imperó en la Iglesia el llamado “concurso”, a partir de la clasificación de los destinos en letras que iban de la “a” a la “c”, había una letra “d” por la que todos debían pasar a partir del momento de la ordenación. Estas letras estaban relacionadas con la menor o mayor distancia de la Parroquia con la iglesia Catedral, las más cercanas eran letra “a”.
Periódicamente, la Diócesis publicaba la convocatoria para concursar y obtener así una Parroquia “más cercana” a la Catedral. Se podía concursar a partir del segundo destino y el concurso consistía en un examen sobre teología, moral y cánones; para anotarse, había que mostrar evidencia de que se habían practicado habitualmente los ejercicios espirituales y se había asistido a las conferencias que se tenían en las “foranías” o en la ciudad episcopal sobre temas doctrinales y pastorales. De esta manera, se evitaba dar la impresión de que los destinos se otorgaban por otro tipo de razones ajenas a criterios objetivos y verificables, como serían la camaradería, simpatías o lo que fuera. La práctica de los concursos concluyó con el Vaticano II en la inteligencia de que en adelante serían los criterios estrictamente pastorales, más que los académicos, los que definirían los destinos.
En los tiempos actuales, resulta que hay parroquias bastante cerca de la Catedral que casi no tienen fieles, algunas que están en la periferia de la ciudad episcopal, pero gozan de condiciones excelentes, otras también de periferia, pero en situaciones urbanas deplorables, comunidades rurales de mucho prestigio y comunidades rurales muy lejanas y de mínima población. Los criterios pastorales buscan la rotación de todos por todo tipo de comunidades, a fin de que todos tengan una experiencia cierta del conjunto de la Diócesis, de igual manera es criterio pastoral analizar el perfil de los Presbíteros para que eventualmente atiendan comunidades para las cuales están especialmente dotados, pero igual atención tienen las condiciones de salud, pues no siempre todos pueden enfrentar realidades ambientales nocivas. Es un criterio pastoral de la mayor importancia garantizar que el sucesor dé continuidad a los trabajos pastorales emprendidos por el anterior. Lo que se ha desterrado para siempre son los destinos “castigo”, que no sólo castigaban al Presbítero sino a la misma comunidad así considerada. Esto no significa que en todas las Diócesis se sigan estos criterios pastorales, pero el espíritu de la Iglesia Universal va por ese camino.
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