CRISTINA ELIZABETH DÍAZ MORALES
Si algo caracteriza a los mexicanos en todo el mundo, es la manera en que aprendemos a ver la muerte, la integramos a nuestra vida, a nuestra cultura y como la transformamos para reírnos de ella, después de que la hemos llorado.
En nuestro país, el Día de Muertos es una fecha significativa para honrar a quienes ya no están físicamente al lado nuestro. A través de las generaciones, esta tradición se ha ido conservando, pero ¿cómo surge toda esta festividad?
Su origen se ubica en la armonía entre la celebración de los rituales religiosos católicos, traí- dos por los españoles, y la conmemoración del día de muertos que los indígenas realizaban desde los tiempos prehispánicos; los antiguos mexicas, mixtecas, texcocanos, zapotecas, tlaxcaltecas, totonacas y otros pueblos originarios de nuestro país, trasladaron la veneración de sus muertos l calendario cristiano, la cual coincidía con el final del ciclo agrícola del maíz, principal cultivo alimentario del país.

En la época prehispánica el culto a la muerte era uno de los elementos básicos de la cultura, cuando alguien moría era enterrado envuelto en un petate y sus familiares organizaban una fiesta con el fin de guiarlo en su recorrido al Mictlán. De igual forma le colocaban comida que le agradaba en vida, con la creencia de que podría llegar a sentir hambre.
UNA FIESTA COLORIDA
El Día de Muertos en la visión indígena implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares puestos en su honor.
La colocación de altares en el Día de Muertos ha trascendido en el tiempo y es una de las tradiciones más bellas, que h a lle- gado al cine con películas únicas y b ellas como Coco. En los altares se colocan varios niveles y elementos como agua, velas, flores de cempasúchil, comida típica y objetos personales del difunto, para darles la bienvenida y honrar su memoria.
Estos altares combinan tradiciones prehispánicas y católicas, y representan los elementos de la vida: agua, fuego, tierra y viento.
LA ESPERANZA DE VOLVER A VERLOS
La conexión con los antepasados durante el Día de Muertos se logra a través de la creencia de que las almas de los difuntos regresan al mundo de los vivos para convivir con sus familias, alimentarse de la esencia de los alimentos en las ofrendas, y ser recordados y honrados.
Después de la Revolución Mexicana, la festividad del día de muertos se consolidó como una tradición nacional, adoptando el icono de la Catrina y convirtiéndose en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
DE MÉXICO PARA EL MUNDO: LA CATRINA
La Catrina, icono de la cultura mexicana, es una calavera elegante vestida con sombrero y vestido, que representa la muerte. Fue creada en 1912 por el grabador José Guadalupe Posada como una crítica social a la alta sociedad que imitaba las modas europeas y despreciaba sus raíces mexicanas, originalmente llamada “La Calavera Garbancera”.
El artista Diego Rivera popularizó la figura, le dio el nombre de “Catrina” y la incluyó en su famoso mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, convirtiéndola en un símbolo nacional.
La Catrina ha evolucionado para representar una forma de honrar a los difuntos y una visión humorística y reflexiva sobre l a muerte . Su imagen se encuentra e n diversas formas de arte y artesanía , como papel picado, cerámica y en la moda, y aparece en películas como Coco.

La celebración del Día de Muertos se lleva a cabo los días 1 y 2 de noviembre, ya que esta se divide en categorías: De acuerdo con el calendario católico, el 1 de noviembre corresponde a Todos los Santos, día dedicado a los “muertos chiquitos” o niños, y el día 2 de noviembre a los Fieles Difuntos, es decir, a los adultos
1 de noviembre:
la Solemnidad de Todos los Santos La Iglesia Católica celebra el 1 de noviembre la Solemnidad de Todos los Santos; es decir, a los hermanos bautizados ya fallecidos que, por haber vivido su fe cristiana de una manera heroica, alcanzaron la santidad. En este día, la Iglesia militante da gracias a Dios por tener en su presencia a estas personas que fueron modelo de vida y hoy interceden por nosotro

PAN DE MUERTO
La historia del pan de muerto tiene su origen en la época de la Conquista cuando los españoles, espantados por los sacri cios humanos en ceremonias religiosas por la población indígena, elaboraron un pan de trigo bañado en azúcar pintada de rojo que simbolizaba un corazón y la sangre del sacrificado.
Las tiras en forma de huesos que rodean el pan representan los huesos de los muertos. Dispuestos en forma de cruz, evocan los cuatro puntos cardinales, alineándose con el concepto prehispánico de que las almas viaja desde distintas direcciones para reunirse en el Día de Muertos.
Y es así como los mexicanos hemos aprendido a ver la muerte para transitar del dolor a la esperanza de volver a reunirnos con nuestros seres queridos y mientras ese momento llega, esperamos el 2 de noviembre deseando que vengan a visitarnos por una noche
Fue creada en 1912 por el grabador José Guadalupe Posada

