Hermanas y hermanos en el Señor:
Creemos en Dios, Uno y Trino, porque así se nos ha dado a conocer. Este misterio abraza, y llena de amor y de vida toda nuestra existencia, a partir de nuestro Bautismo.
Dios, nuestro Padre, ha querido hacernos hijos suyos, y para esto, nos ha injertado en su Hijo Jesucristo, y nos ha unido íntimamente a Él por amor, por la fuerza de Dios Espíritu Santo.
Nuestra vida cristiana ha iniciado con este abrazo de las tres divinas Personas, a nuestro favor, para hacernos suyos, partícipes de su misterio de comunicación, de participación, de vida y de amor. Así comenzó nuestra vida cristiana.
Todos los días de nuestra vida estamos seguros que las tres divinas Personas que forman el único Dios en quien creemos, que están actuando permanentemente a nuestro favor, y trabajando por nuestro bien, por nuestra salvación.
No pueden desentenderse de cada uno de nosotros, porque somos hijos de Dios, somos su imagen y semejanza.
Por eso, nosotros mismos, muchos momentos de nuestra vida cotidiana, los iniciamos en el nombre del Padre, y del Hijos y del Espíritu Santo, porque estas divinas Personas nos abrazan.
Dios, que es amor, no se olvida de nosotros, y se manifiestan las tres divinas Personas en la vida de cada uno que así lo quiera aceptar y recibir.
¿Cómo sabemos que en Dios hay tres personas distintas? Porque Él nos los ha dado a conocer
Repasemos algunos textos: Dice Jesús: “Aún tengo muchas cosas qué decirles, pero todavía no las pueden comprender, pero cuando venga el Espíritu de verdad, los guiará hasta la verdad plena…” (Jn 16,12-13). Además, dijo: “Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya a comunicar” (J 16,14). Y también dijo el Señor: “Todo lo que tiene el Padre es mío” (Jn 16,15).
Vemos claramente la intensidad de la comunión de estas tres Personas, íntimamente relacionadas entre sí por el amor, por el propósito que tienen en favor de nuestra salvación.
Éste es el misterio de nuestra fe, no es una invención nuestra, sino un regalo que Dios ha querido darnos a conocer. Desde el Antiguo Testamento se nos presentan manifestaciones que nos dan a entender que Dios es comunidad, es familia.
Tomando en cuenta esto, sacamos algunas conclusiones para nosotros, que fuimos creados a su imagen y semejanza. Si Dios es uno por el amor, tenemos que mantener esa comunión con Él en el amor.
Si Dios es comunidad y familia, tenemos que luchar por vivir en comunidad, reconociendo a los demás como mi familia, o la familia de los hijos de Dios.
Así como en Dios, que son tres Personas que se comunican y se participan todos sus bienes, así nosotros tenemos que participar de nuestros bienes a los demás.
En un hijo de Dios no cabe el individualismo, el egoísmo, que nos lleva a pensar solo en mí (mis intereses, mis metas, mis bienes, etc.) y ser indiferente a las necesidades de los demás.
Estamos llamados a vivir en comunidad, en comunión, en fraternidad, en familia, porque Dios no es un ser aislado, solitario, sino que vive amando permanentemente.
Yo les bendigo en el Nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
