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Discernir los tiempos

por Michelle Fletes Rubio
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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

En tres días el destino de Israel fue fijado por las decisiones equivocadas de sus líderes políticos y religiosos. A partir de ese momento el pueblo judío de alguna manera se sale de la historia y comienza a errar por el mundo, apegado a un talmud que de pronto había perdido continuidad.
¿Qué hizo a los líderes equivocarse tan estrepitosamente? De Herodes no hay mucho que averiguar, era un político astuto pero corrupto, de su padre había heredado el reino de Israel, pero no el talento para gobernarlo, vivía de la sumisión a Roma y del bajo perfil, siempre inseguro, de débil carácter y muy afectado por sus vicios, era un hombre superficial y hueco.
Anás y Caifás eran las supremas autoridades de la religión, siempre bajo la presión de grupos de poder que gravitaban en su entorno, como los escribas, los fariseos y los saduceos, cuyo común denominador era que nada cambie, que todo siga como siempre, incluso la incongruencia. Por lo mismo el respeto a los más mínimos detalles de la ley ponía olvido de su esencia, de su espíritu, eran hábiles para “colar el mosquito y tragarse el camello”.
Ser el pueblo elegido los llevó a desarrollar un síndrome de superioridad absoluta y desprecio a los demás, en cierto modo, de falsa seguridad. Tener algún éxito en la observancia de los mandamientos, los hizo condenar y excluir a quienes no lograban tales alturas de perfección. Pero, sobre todo, se habían vuelto incapaces de interpretar los signos de los tiempos.

Esta incapacidad no viene de la ignorancia, eran gente muy bien formada, conocían y escudriñaban las escrituras, pero en el momento de Jesús, tenían ya bastante tiempo de haber perdido el sentido crítico, por eso su exegesis se había vuelto literal. En muchos, la vivencia religiosa se había reducido a rituales bien hechos, pero carentes de vida. A falta de ideales trascendentes se dedicaban a competir entre sí por puestos y títulos, ganancias y privilegios, traficando cargos y dignidades entre amigos y benefactores ¿cómo podían discernir los tiempos, si ni siquiera les importaba hacerlo?
Por eso entregaron a su propio pueblo en manos de la destrucción, y fueron capaces de eliminar al mismo Mesías por tantos siglos esperado. El extremo de su decadencia y corrupción se revela en el temor que tenían de que, en una de esas, Jesús en efecto resucitara, por eso hacen que el procurador ponga vigilantes ante el sepulcro, como si la vida pudiera ser detenida por lápidas o soldados.
Hoy celebramos la Pascua 2025, deberíamos preguntarnos si hemos crecido, si hemos cambiado, si somos lo que deberíamos ser, averiguar qué lápidas o guardianes hemos puesto al Espíritu, para que la vida no se manifieste, o si nos hemos contentado con organizar hermosas y casi perfectas celebraciones con motivo de estas fiestas, para que todo siga igual, y los nuevos tiempos anunciados por Jesús, no nos inquieten ni amenacen.

armando.gon@univa.mx

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