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Disney deja atrás la agenda woke

por Quetzali Hernández
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Fabián Acosta Rico | UVNIVA

Mezclar economía y cultura–política no siempre es una decisión acertada. Esta lección la aprendió la Casa del Ratón, afectando considerablemente sus ingresos. Defender los derechos de la comunidad LGTB, hacer suyas las consignas del feminismo, visibilizar a las minorías étnicas, entre otras banderas woke, suena idealista, pero no siempre rentable al vender suscripciones y boletos de cine.

LOS DESPIADADOS Y FRÍOS NÚMEROS
Desde que Disney abrazó la diversidad e inclusión, sus ganancias cayeron.

Películas como: Lightyear; Strange World; Ant-Man y la Avispa: Quantumanía; Guardianes de la Galaxia: Volumen 3; Thor: Love and Thunder; Black Panther: Wakanda Forever; Elemental y La Sirenita, reportaron pérdidas.

El costo de producción y marketing alcanzó los dos mil 750 millones de dólares, mientras que la recaudación en taquilla apenas llegó a mil 861 millones. Dado que los cines retienen un porcentaje significativo de lo recaudado, las pérdidas ascendieron a 889 millones de dólares.

Durante décadas, Disney fue una marca ganadora en todos sus productos: series, programas, parques. Incluso con adquisiciones como: Pixar, Star Wars y Fox, parecía imparable. Sin embargo, la adopción de la agenda woke marcó un giro negativo en sus realizaciones.

Los ejecutivos confiaban en conquistar nuevos públicos alineados con la postmodernidad: empoderamiento femenino, diversidad sexual, descolonización, pero ocurrió lo contrario. Las audiencias rechazaron estos cambios y muchos se refugiaron en el mundo otaku, con mangas y animes menos influenciados por el progresismo, feminismos forzados, elementos LGTB o insurgencias raciales afrocentristas.

Ante la crisis, la empresa necesitaba un cambio drástico. Bob Iger, CEO de Disney, anunció que la agenda woke quedaría atrás para priorizar el entretenimiento y buscar un balance entre representación y diversión.

“Nuestra prioridad debe ser entretener, no promover agendas”, declaró en una reunión con inversores.

Los accionistas no podían seguir permitiendo pérdidas millonarias. Sin embargo, Iger defendió las intenciones originales: al adoptar la cultura woke, Disney pretendía enseñar inclusión, tolerancia y diversidad, promoviendo un futuro más abierto y respetuoso hacia todas las minorías. Según el CEO, el objetivo era “tener un impacto positivo en el mundo, fomentando la aceptación y la comprensión de personas de todo tipo”

No obstante, el adoctrinamiento no fue bien recibido. Como ejemplo del cambio, Disney eliminó un personaje trans de su próxima serie animada Ganar y perder, reconociendo que muchos padres prefieren abordar estos temas desde sus propios valores. Aunque la inclusión llegó para quedarse, no se espera que personajes latinos, afrodescendientes o asiáticos desaparezcan de las producciones de Disney. Películas como Coco, Moana y Pantera Negra, donde la representación cultural fue clave, tuvieron una excelente acogida. “El público es muy variado, y debemos ser cuidadosos para no dividir a nuestra audiencia”, comentó Iger. La diversidad temática y cultural es deseable y aceptable, siempre respetando los contextos. Así como en una película de samuráis se espera un casting asiático, en una de vikingos es lógico que los actores sean caucásicos. Esta podría ser la lección que Disney haya aprendido: el equilibrio entre representación y entretenimiento es crucial para mantener su liderazgo en el mundo del entretenimiento.

Con este cambio de rumbo, Disney busca no solo mejorar sus números, sino recuperar la confianza del público. Iger, cuyo contrato vence en 2026, ya trabaja en un relevo que garantice la continuidad de la empresa. Sin duda, el futuro de Disney dependerá de su capacidad para equilibrar su legado cultural con las demandas de una audiencia cada vez más exigente

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