Disponernos a seguir a Jesús

por Quetzali Hernández
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JUAN LÓPEZ VERGARA

Nuestra Madre Iglesia coloca el día de hoy, en la mesa de la Eucaristía, un texto del Santo Evangelio no fácil de entender, revelador del inefable misterio del martirio de Jesús. Y del seguimiento de sus discípulos, con sus ojos fijos en él, como motivo de contradicción, o sea de conflicto, incluso en el interior de sus familias (Lc 12, 49-53).

Los dos primeros versos muestran una reflexión del Señor sobre el significado de su ministerio: “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a traer fuego a la tierra ¡Y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!” (vv. 49-50). Jesús vislumbró el martirio como el horizonte de su caminar: “¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados” (Lc 13, 34a); sin embargo, hasta se mostró impaciente de que se cumpliera, pues sabía que “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24). El martirio de Jesús, el inocente absoluto, entraña el glorioso misterio del divino amor.

Jesús, entonces, cuestionó a los suyos: “¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división” (v. 51). Declaración que evoca la profecía del anciano Simeón, cuando en los atrios del Templo cargando al pequeño Jesús en sus brazos, anunció: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción” (Lc 2, 34).

Semejante signo de contradicción alcanzará incluso el corazón de las familias, porque el fuego traído a la tierra, no puede menos que arder, provocar animosidades y exacerbar pasiones:

“De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (vv. 52-53.).

Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios ofrecida el día de hoy en este pasaje del santo Evangelio, los exhorto a meditar en el sublime misterio del martirio de Jesús, quien entregó su vida por cada uno de nosotros (véase Ga 2, 20). Semejante misterio se nos revela como signo de contradicción, y nosotros hemos de disponernos firmemente a seguir al Señor Jesús, concientes de que nuestra decisión puede ser motivo de contradicción en nuestra familia.

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