Athziri Anahí Martínez Calderón

Los trasplantes de órganos representan uno de los mayores avances de la medicina moderna, ofreciendo una segunda oportunidad de vida a miles de personas cada año. En México, esta práctica médica ha evolucionado significativamente en las últimas décadas, tanto en términos de infraestructura hospitalaria y farmacológica como de conciencia social. Sin embargo, a pesar de los progresos, el país aún enfrenta importantes desafíos: largas listas de espera, baja tasa de donación y acceso desigual a servicios de salud especializados.
Angélica Saraí Casillas tenía solo 16 años cuando conoció de cerca la fragilidad de la vida. Fue diagnosticada con insuficiencia renal crónica, causada por el desarrollo incompleto de sus riñones, encontrándose estos en etapa terminal. Debido a su corta edad, no era consciente de la gravedad del diagnóstico, pero para su familia fue un shock y el inicio de un largo proceso para que pudiera recuperar su salud.
Con ese duro diagnóstico en sus manos y tras varios días sometida a hemodiálisis, los médicos fueron claros: necesitaba un trasplante de riñón para tener una mejor calidad de vida. Sus padres, sin dudarlo, se ofrecieron como posibles donantes. Sin embargo, los especialistas explicaron que, debido a la diferencia de edad, lo más recomendable era buscar un donante más cercano a la edad de Angélica para aumentar las probabilidades de éxito y compatibilidad a largo plazo.
Fue entonces cuando su hermana, diez años mayor que ella, dio un paso al frente sin pensarlo dos veces. Con un amor incondicional, se sometió a todos los estudios necesarios. Días después, llegó la noticia que llenó de esperanza a la familia: eran compatibles al 100 por ciento. Un vínculo de amor convertido en oportunidad de vida. “Los médicos se sorprendieron porque dijeron que a veces ni los gemelos tienen esa compatibilidad al 100 por ciento”, compartió emocionada Angélica.
En México, aproximadamente el 70 % de los órganos trasplantados provienen de donantes vivos, según datos del Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA). Aunque no se cuenta con estadísticas específicas de donación anónima en México, en la práctica médica nacional la mayoría de donantes vivos son familiares directos (padres, hermanos, cónyuges, hijos). La donación anónima (a extraños) es extremadamente rara, dado que los donantes vivos requeridos son generalmente personas cercanas al paciente. La cultura de donación en México aún enfatiza el vínculo familiar sobre el altruismo hacia desconocidos.
EL INICIO
Después de once meses de protocolo, la cirugía de trasplante de Angélica dependía de un momento simple: contestar una llamada que era crucial para poder programar la intervención. Si no se respondía, el turno sería cedido a otra persona en la lista de espera. La llamada llegó. La fecha programada fue el 22 de enero de 2008.
“Al internarme me dieron medicamentos para no bajar mis defensas y así evitar que mi cuerpo rechazara el riñón”, recuerda Angélica. El día de la cirugía fue intenso y silencioso. “Nos bañaron en desinfectante y ya no permitieron entrar a nadie
más a la habitación. Solo estábamos mi hermana y yo”. Cuando llegó la hora, las trasladaron al quirófano envueltas en sábanas blancas, como si fueran fantasmas deslizándose por los pasillos en sillas de ruedas. Una medida necesaria para evitar cualquier riesgo de infección en el trayecto.
El seguimiento posquirúrgico fue complejo. Tras salir de terapia intensiva, Angélica tuvo que permanecer tres meses aislada en una habitación especial, con mobiliario mínimo y desinfección diaria, para evitar cualquier riesgo de infección. Su familia, buscando mantener el contacto sin ponerla en peligro, instaló una puerta de cristal que le permitía convivir con ellos a la distancia. Una forma amorosa de acercarse en medio de la distancia que exigía su recuperación.
Ser una paciente trasplantada implicó cambios físicos y emocionales para ella. Los efectos secundarios de los medicamentos que debe tomar de por vida trajeron consigo transformaciones en su apariencia: “Aumenté de peso, me salió vello en la cara, tuve acné y mi rostro se volvió más redondo. Fueron cambios físicos que noté, sí, pero no me afectaron tanto, porque gracias al trasplante, mi salud ya no estaba en riesgo”, compartió.
Según datos del Centro Nacional de Trasplantes, al corte del primer trimestre del año 2025, en México existen 19,095 receptores en espera de un trasplante. Aproximadamente el 85 por ciento de estos procedimientos se llevan a cabo en instituciones del sector público, mientras que solo el 15 por ciento ocurre en el sector privado. Entre las instituciones públicas, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) destaca como uno de los principales centros de trasplante, especialmente en intervenciones de corazón y riñón.

El rechazo de órganos se ha reducido considerablemente gracias a los avances en farmacología. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, después de un trasplante, los pacientes deben tomar medicamentos de por vida para prevenir complicaciones.
“Conocí pacientes que dejaron de tomar los medicamentos debido a los cambios físicos que experimentaron por los efectos secundarios. Como consecuencia, perdieron el riñón… y la vida”.
Su experiencia llevó a Angélica a crear una marca de ropa para mujeres de talla extra, con el mensaje de que la apariencia física no importa mientras se tenga salud.
“Yo subí de peso y experimenté otros cambios físicos, pero ¿a raíz de qué? Lo importante es que estoy viva. Ese es mi mensaje”
UN ACTO DE AMOR AL PRÓJIMO
La historia de Angélica también está acompañada por una fe sólida, que encuentra sentido en la enseñanza y el respaldo de la Iglesia Católica hacia la donación de órganos. Para el Magisterio de la Iglesia, donar órganos es un acto de caridad, solidaridad y amor al prójimo.
El Papa San Juan Pablo II, en diversas ocasiones, se refirió a la donación como un acto noble y meritorio, “una forma de ofrecer una parte de sí mismo para salvar vidas”. El Catecismo de la Iglesia Católica lo confirma: “La donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio y debe ser alentada como una expresión de generosa solidaridad” (CIC 2296).
Asimismo, el Papa Francisco resaltó que donar órganos “es una forma concreta y desinteresada de promover la cultura del don y del amor”, destacando que puede ser una muestra de amor incluso más allá de la muerte.
En este contexto, la Iglesia pide que la donación sea voluntaria, libre y con pleno conocimiento, como una elección ética y generosa, sin que haya lucro de por medio. En vida, puede ser un acto heroico; después de la muerte, una semilla de vida que ofrece en otros.

UNA HISTORIA QUE INSPIRA
Angélica no solo es paciente trasplantada; es también una voz que inspira a otros a considerar la donación de órganos como un acto de amor que transforma vidas. A través de su testimonio, busca crear conciencia sobre la importancia de ser donadores y sobre la esperanza que representa cada trasplante para quienes están en lista de espera.
Su vida es testimonio de la ciencia, la solidaridad y también de la fe, un puente entre la medicina y el amor cristiano, donde donar es dar vida… y también esperanza.
Donar órganos es un acto generoso que refleja la solidaridad más profunda entre seres humanos. Miles de personas esperan un trasplante para poder seguir viviendo o tener una mejor calidad de vida. Se requiere:
- Ser mayor de edad comprobable.
- Aceptar libremente la decisión de donar.
- Comunicar la decisión a la familia.

