Claudia Barbosa

La autora de esta crónica narra su experiencia en el equipo de voluntarios que fue constituido para ofrecer recorridos en el barrio del Santuario.
En días pasados, dos grupos distintos de personas ofrecimos sendas actividades culturales en el céntrico barrio tapatío del Santuario de Guadalupe: recorridos por sus calles y templo, y una degustación gastronómica del pollo a la Valentina, al filo del Paseo Fray Antonio Alcalde.
Coordinados por la asociación civil Amigos del Paseo Fray Antonio Alcalde, mañana y tarde de los días de la Semana Santa y la de Pascua ofrecimos tandas de visitas guiadas, de hora y media de duración, enfocadas a mostrar los elementos materiales luego de 250 años siguen en su sitio y patrocinó en su tiempo el Siervo de Dios, Fray Antonio Alcalde, artífica de ese barrio, y la distinguida Casa Corvera; pero, por su parte, siete restaurantes al filo del Paseo incluyeron en su menú de los días 25 y 26 de abril el platillo más buscado por los tapatíos hace un siglo.
RECORRIDOS ALCALDEANOS
Pasajeros en el tiempo de Fray Antonio Alcalde, quienes participaron en los recorridos tuvieron ante sí las evidencias de obras materiales que patrocinó quien fue Obispo de Guadalajara entre 1771 y 1792 y, además, de habilidades de gestión fuera de serie, tuvo la virtud enorme de conservar a todo tranca la pobreza en su tren de vida, con lo cual pudo no sólo elevar una ciudad que recibió raquítica al rango de segunda en importancia de la Nueva España, sino también convertirla en lo que sigue siendo: una casa común para millares de personas que se siguen beneficiando de su legado, los hospitales civiles y la Universidad de Guadalajara.
EL CONCURSO GASTRONÓMICO
Por otro lado, en el año en que se cumplen 150 del nacimiento en Nochistlán, Zacatecas, el día de San Valentín, 14 de febrero de 1875, de Valentina de los Santos Oropeza, creadora de un platillo consistente en “una pieza de pollo cocido, frito en abundante manteca, servido en plato hondo, con bastante salsa de jitomate, acompañado de papitas fritas y un pedazo de birote”, que expendía frente al jardín del Santuario, nace al norte de la vieja Guadalajara un corredor gastronómico que pretende ser por ese viento lo que al sur son las birrierías de las Nueve Esquinas.

