
Es hasta de sentido común no permitir hacerle daño a un niño dejándolo elegir sexo, aunque sea solo en papel, ya no se diga completando el acto de una forma biológica.
No se trata de cuestiones religiosas o tradicionalistas -como llaman a quienes se oponen a esas aberraciones, con el fin de denigrarlos-, sino de algo previo a cualquier consideración de carácter ideológico, es decir, es una cuestión natural y de una antropología básica.
Antes de cualquier ley, está la naturaleza y la dignidad de la persona que, lo que se supone, son el fundamento de cualquier legislación.
No imploramos la ley divina, que para los creyentes sería suficiente, sino que atendemos a lo que la naturaleza y la dignidad de la persona indican, sea cual fuere el credo o si no tuviera ninguno. Lo repetimos, es de sentido común.
¿Cómo puede un infante alcanzar un “derecho” así? Por supuesto que tiene sus derechos fundamentales, empezando por una vida digna y respetándola, su derecho a la educación, a la salud, al alimento…, pero decir que tiene derecho a cambiar de sexo a esa edad es como decir que debe tener también derecho a elegir comer y beber lo que quiera, y hasta drogarse. Si a un niño lo ponemos a elegir ‘libremente’ qué quiere, entre una bolsa de dulces y chocolates con una bebida azucarada, y unas verduras y fruta con pescado, elige lo primero.
Los niños no tienen derecho a elegir una situación que les perjudica, porque está en contra de su naturaleza, solo porque algunos adultos dicen y defienden que tienen ese derecho.
Los niños ni siquiera están preocupados por esta situación. Casos aislados no pueden convertirse en ley. Esto es elemental. ¿Son los niños los que están decidiendo, o son algunos adultos que quieren decidir por algunos niños?
Están más preocupados los adultos – diputados de Morena, de Hagamos y de Futuro- por imponer esta determinación que por atender otros asuntos estatales que sí son verdaderamente graves, y que de verdad defiendan a la niñez.
Que no nos engañen diciendo que se trata de una determinación vanguardista y de derecho personal. Primero existe el derecho de la persona a que le respete su sexo, antes que modificarlo o manipularlo. Como esos diputados no pagarán las consecuencias de semejante distorsión, sienten que pueden legislar contra natura.
No hay estudios científicos comprobados que avalen ‘el derecho’ a que niños cambien de sexo. Al contrario, las consecuencias son negativas. En cambio, sí hay estudios que muestran los daños del cambio de sexo (que presentaremos la próxima edición).
Los niños que inician procesos de cambio de sexo o transición de género enfrentan riesgos significativos:
Salud mental y emocional: Alta prevalencia de ansiedad, depresión, ideación suicida y autolesiones. Estos problemas pueden derivar de la propia disforia de género (angustia por la incongruencia de sexo).
Salud física y procedimientos irreversibles: Tratamientos hormonales (pueden causar infertilidad o reducción de la misma). Cirugías (procedimientos como mastectomías o cirugías genitales en menores son irreversibles y han generado preocupación por las consecuencias físicas a largo plazo). Bloqueadores de pubertad (pueden impactar en el desarrollo óseo y el desarrollo sexual. Arrepentimiento de la transición (detransición).
