DR. ENRIQUE ÁVILA PAULET
EE. UU. y China llevan años mirándose frente a frente como dos gigantes que quisieran enfrentarse fuertemente, pero no lo hacen porque saben cuales serían las consecuencias para ellos y para el resto mundo. Durante el viaje de Donald Trump a China, su dirigente Xi Jinping mencionó lo que se conoce como la “trampa de Tucídides” (historiador y militar ateniense del siglo V ADC), y que trata de la teoría que explica la relación de una potencia hegemónica en declive y otra en ascenso, con el riesgo de un conflicto bélico, y eso según Xi es lo que está pasando entre EE. UU. y China, es decir, la disputa de la hegemonía a nivel mundial que desde 1945 la ostenta EE. UU.
La hegemonía o “liderazgo” mundial es “la capacidad de un Estado de controlar la política internacional a través de su poder económico, militar y normativo sin utilizar la fuerza” (Ana Raya, 2022, EOM), China se va emparejando poco a poco con EE. UU. a nivel económico, pero en lo militar el país americano le supera a China, aunque esta última está haciendo grandes esfuerzos para llegar al nivel norteamericano. Terminada la cumbre bilateral de Donald Trump con su homólogo Xi Jinping, éste fue invitado a viajar a EE. UU., el próximo otoño. Por los gestos y declaraciones de ambos pareciera que se aleja por ahora la “trampa de Tucídides”.
VIAJE DE TRUMP A CHINA

Richard Nixon fue el primer presidente de EE. UU. que visitó China en 1972; después, seis presidentes lo han hecho hasta 2017, cuando Donald Trump lo visitó por primera vez, aunque tardó más de 8 años en volver a pisar el suelo chino; entonces gobernaba Xi Jinping y sigue haciéndolo hasta ahora.
Pero, ¿cuáles han sido los grandes temas que han debido tratar los dos mandatarios?, seguramente discutieron sobre la cuestión de Taiwan, también tocarían la problemática guerra en Irán, y otros asuntos como la Inteligencia Artificial y el control de las tierras raras y, a ciencia cierta, trataron sobre la pugna de la supremacía global; algunos de estas cuestiones salieron a la luz, pero otras seguramente quedaron entre los dos mandatarios y sus más allegados.
Los dos presidentes han tenido y tienen agendas distintas, pero el chino, con ese gran pragmatismo que le caracteriza, sabe que tiene el tiempo a su favor, cuando el estadounidense ya no esté gobernando. Xi Jinping seguramente seguirá en el poder. Trump necesita victorias domésticas y logros a corto plazo, Xi juega a convertir a China en la gran potencia hegemónica global y el gran estabilizador mundial del siglo XXI, y no le importa el tiempo que pase.
Una de las grandes ventajas que tiene China es el control de las tierras raras, casi el 80% de la producción mundial y el 95% de su refinación está en manos chinas, algunas de estas tierras raras (como el lantano, cerio, neodimio, terbio, etc) son esenciales para la industria aeronáutica y automotriz.
En cuanto a la IA, EE. UU. lleva ventaja, pero la tecnología china se les acerca a pasos agigantados, y mientras, Occidente no ha desarrollado demasiadas estrategias para hacerle frente.
Un ejemplo del acelerador chino es cómo está inundando con sus automóviles con tecnología de punta en países como México o España. En unas últimas declaraciones de Donald Trump después de visitar China, dejó vislumbrar la posibilidad de que fábricas de automóviles chinos pudieran establecerse en el país norteamericano, algo que hasta hace unos meses era imposible.

¿QUÉ QUIERE EE. UU.? EL PROBLEMA DE IRÁN
Los mayores proveedores de petróleo de China son Rusia y Arabia Saudita, pero el país del Lejano Oriente es el mayor comprador de petróleo iraní (alrededor del 91% de todo lo que exporta Irán), por eso la importancia para Irán de lo que diga China sobre el cierre del estrecho de Ormuz.
En la reunión de los dos líderes se trató sobre el tema, y coincidieron en que Teherán no debería tener armas nucleares. Después Trump declaró que revisaría las sanciones a China por la venta del petróleo iraní, un gesto que podría ayudar a que China presione a Irán a que abra el estrecho de Ormuz, y esto apunte a un posible final de la guerra, aunque todavía quedarían muchas condiciones exigentes por resolver, sobre todo por la parte iraní.
¿QUÉ QUIERE CHINA? EL GRAN DILEMA DE TAIWAN
Xi Jinping afirmó a lo largo de la cubre entre EE. UU. y China que el asunto de Taiwan era uno de los aspectos más importantes en las relaciones entre los dos países. Trump también declaró que no quería que Taiwan declarase la independencia, porque eso significaría un problema militar muy importante para su país. Textualmente dijo: “Quiero que Taiwan se calme, quiero que China se calme” (El Mundo, 15 de mayo 20126), y a la vez también confirmaba la negativa de comprometerse con la venta de armas a Taiwan, algo que suponía una clara victoria para China.
Este país siempre ha dicho que Taiwan se tendrá que reunificar al gigante asiático en un día no muy lejano, es cuestión de geopolítica (por la importancia del estrecho de Taiwan), de expansión territorial (muy propio del imperialismo), y sobre todo por cuestiones económicas ya que Taiwan produce alrededor del 90% de los chips más avanzados del planeta, y si China lograse apropiarse de esa tecnología controlaría el mundo de los chips de última generación que utilizan los teléfono inteligentes, computadoras portátiles, sistemas de inteligencia artificial, centros de datos, vehículos eléctricos, incluyendo tecnología de defensa avanzada, entre muchos otros. Ante esta posibilidad habría que ver la reacción de EE. UU. y de sus aliados en la región, sobre todo Corea del Sur y Japón.

