PBRO. ANTONIO GUTIÉRREZ MONTAÑO

Las cosas no están bien en nuestro país. No están bien, posiblemente nunca lo han estado, pero a nosotros nos interesa hablar del presente, porque es lo que vivimos, y porque no queremos que el futuro de las generaciones sean como el pasado y el presente nuestro en México, lleno de violencia, donde son los grupos criminales los que controlan muchas actividades en esta nación, empezando por Municipios que no han podido con ellos y mejor sucumben a sus amenazas y condiciones.
La realidad
Los desplazamientos forzados en tantas regiones serranas, allá donde no hay protección de nada y se ha dejado el gobierno a los protagonistas de la delincuencia; la indiscriminada tala de árboles en Jalisco y en tantos otros Estados; todo mundo lo sabe, pero no hay autoridad que se atreva a detenerla, y además si son cómplices; el huachicol tan prometido que ya se había contenido. ¡Mentira! Solo se repartieron territorios y ganancias. Los ‘cobro de piso’ que han dejado a familias sin nada, y han preferido dejar su negocio. Los porcentajes que los maleantes cobran a los transportistas.
SIN SILENCIOS CÓMPLICES
El discurso y los alegatos de que el pueblo está bien ya se desgastó. Habrá que cambiar de narrativas. Fue un arma que funcionó, como en este momento se recurre a la polarización.
Además, una oposición partidista que no hila, que no se fortalece, que no es contrapeso, que no propone, solo critica, fueron tan malos que no pueden cuestionar ahora a los nuevos malos.
No podemos ni debemos quedarnos con los brazos cruzados. No incitamos a la violencia, y menos antes de Navidad, ni en ninguna época del año, pero tampoco nos conviene la pasividad.
ACTORES DE ESPERANZA Y VERDAD
No debemos quedarnos en la queja o en la amargura de los datos negativos. Cuando ya está próximo el nacimiento del Salvador, necesitamos recordar para qué vino Él al mundo y su modo de proceder ante lo que no estaba bien.
Resulta iluminador, para conducir nuestra reflexión, el discurso que el Papa León XIV dirigió a 160 directores de cine, en un encuentro que tuvo con ellos, en días pasados.
El Pontífice les agradeció (y nos agradece si así fuera) “poner en movimiento la esperanza”, y promover “la dignidad humana”, cuando se trabaja en “la aventura espiritual del ser humano”.
El Papa recordó a los directores y actores que con sus obras dialogan “con quienes buscan ligereza, pero también con quienes llevan en su corazón una inquietud, una búsqueda de sentido, de justicia, de belleza”, que es como debemos actar en el Adviento, con espíritu inquieto en búsqueda de sentido, de justicia, porque llega el Señor de todo lo bello.
Recorramos el camino de preparación a la Navidad como “peregrinos de la imaginación, narradores de esperanza, mensajeros de humanidad”.
“Este mundo en el que vivimos necesita belleza para no hundirse en la desesperación”, y de que exista un mundo así, los creyentes debemos sentirnos como los primeros responsables.
Por eso, los hijos de Dios debemos de hacer del Adviento, “un laboratorio de esperanza”, donde “el hombre pueda volver a mirarse a sí mismo y a su destino”.
Iglesia profética
Los Obispos de México, en su mensaje, al finalizar la última asamblea plenaria, dijeron: “En medio del dolor y el miedo que experimentamos, queremos decirles que Dios no ha abandonado a nuestro país… El Señor camina con este pueblo herido…
Pero también es un tiempo de esperanza. Nuestros corazones anhelan la paz, y encontramos gente que quiere hacer el bien.
Ante tanto dolor no podemos callar. Hablamos no por odio o resentimientos, sino porque amamos al pueblo de México. Queremos caminar como una Iglesia profética”, y nosotros formamos parte de esta Iglesia.

