FABIOLA LOYA / SECRETARIA DE IGUALDAD SUSTANTIVA

Las conmemoraciones nos ofrecen la oportunidad de rememorar y acercarnos a los valores, principios y convicciones que nos definen como individuos y como sociedad.
EL 25 DE NOVIEMBRE: LAS HERMANAS MIRABAL
El marco del 25 de noviembre, día dedicado a la eliminación de la violencia contra las mujeres, nos invita a hacer una pausa para reconocer las raíces que dieron sustento a este movimiento: una vida libre de violencia.
En el contexto de una celebración esencial para nuestras creencias, es justo recordar a quienes pagaron con su vida el atreverse a elevar su voz en contra de los excesos de la dictadura de Rafael Trujillo en la República Dominicana: Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. El 25 de noviembre de 1960, los cuerpos de las tres hermanas Mirabal se encontraron en el fondo de un acantilado en la costa norte de aquel país. Luego de que se anunciara su muerte como producto de un “accidente”, el hecho causó un gran impacto en la sociedad dominicana y acrecentó el resentimiento contra el régimen, lo que provocaría su caída meses después.
La historia de las hermanas Mirabal trascendió tiempos y fronteras, y le dio un fuerte impulso a la lucha social en contra de la violencia hacia las mujeres en cualquiera de sus formas. En diciembre de 1999, la Organización de las Naciones Unidas decretó el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.
Más allá del hecho trágico y del sinsentido de la violencia como camino, la rememoración nos deja lecciones desde las dos caras de la moneda: por un lado, es importante recordar para mantener vivo lo esencial en nuestras tradiciones como individuos, familia y sociedad; por el otro, es necesario mantener en la memoria para evitar que las nuevas generaciones lo sufran o, peor aún, lo normalicen.

LA TRIADA DE LA VIOLENCIA: EL ANÁLISIS DE GALTUNG
Según Johan Galtung, fundador y director del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, Noruega, fallecido en febrero del 2024, las violencias —pues existen más de un tipo— se enmarcan en una triada que se alimenta y se reproduce exponencialmente.
El punto superior de este triángulo conceptual lo ocupa la Violencia Directa. Esta es la que todos podemos observar y, en el peor de los casos, experimentar. Su grado e intensidad aumenta desde la violencia contra lanaturaleza hasta la violencia física, pasando por la violencia contra las cosas, la económica, psicológica, digital, verbal y sexual. Es toda la gama de las violencias que pueden expresarse en el plano físico.
Sin embargo, esto no es lo más grave. Lo que habrá de observarse son las causas que la refuerzan y legitiman. En el plano de “lo invisible”, las violencias se sustentan en dos columnas: la Violencia Cultural y la Violencia Estructural. La Violencia Cultural se alimenta de las visiones del mundo, los paradigmas imperantes, las ideologías, la educación, el arte, el lenguaje, la ciencia, los valores y las normas sociales. Cuando estas ideas se alinean de acuerdo con principios éticos, las sociedades del mundo pueden avanzar hacia su evolución social, volviéndose menos violentas y más empáticas.
Finalmente, la tercera violencia descrita por Galtung, es la Estructural. Esta se expresa de formas menos sutiles, pero igualmente trascendentes en la vida de todos. Comienza en la falta de justicia y el acceso a recursos y servicios, pasa por los sistemas financieros y las brechas de desarrollo social y ecológico, hasta llegar a la explotación y la represión
LA URGENCIA DE COMBATIR LA VIOLENCIA EN JALISCO
La problemática de la violencia nos acompaña como sociedad y, como sociedad, tenemos que combatirla, particularmente desde la vivencia del ser mujer en un entorno crispado por las emociones que esto provoca. Por eso, los datos no dejan lugar a dudas a la hora de abordar temas de esta complejidad, según la ENDIRE (2021):
En Jalisco, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia psicológica, mientras que casi una de cada tres ha sido agredida sexualmente. Además, dos de cada diez han sido afectadas económicamente y una de cada diez ha sufrido daños físicos por la violencia.
Después de tanta tinta y reflexiones sobre la violencia, llegamos a la más simple y tal vez la esencial de las conclusiones: la paz se construye desde las familias. Se construye en las charlas con nuestros seres más queridos y cercanos sobre valores como el respeto, la necesidad de la empatía y la cooperación para edificar un espacio seguro para hijas, hijos, padres, madres y esposos, necesariamente lado a lado con los hombres.

